lunes, 5 de mayo de 2014

Capítulo 32

‘Se quejan de que no tienen lo que quieren. Cuando lo tienen lo ignoran por completo. Cuando lo pierden echan la culpa al otro y lamentan exteriorizando sus sentimientos, a los cuatro vientos. Yo crecí, pese a ser hija única, sin caprichos. He recibido ofensas de que no sé lo que es compartir, de que mis padres siempre me han querido solo a mí, de que lo he tenido todo. La verdad he sido criada como mis padres fueron criados. Mi madre tiene 3 hermanos más, mi padre otros 6; he sido criada como una más entre 10 hermanos. Me jode que no sepan a que me he enfrentado en mi vida, y que me juzguen cuando solo conocen el grano de una montaña de arena. Controlaos’— Alba Gómez Carmona


    ¿Cómo te llamas? —le pregunté a la chica rubita con la que primero había hablado, y a la que estaba sujetando la mano— tranquila. Respira hondo que ya casi entramos.
    Miryam —respondió con la mirada puesta en Harry— no puedo respirar. Me va a dar algo, seguro.

Sus cuatro amigas desfilaban detrás de ella a través de las puertas rotatorias. Fuera, las chicas que estaban acompañando a estas cinco chicas, gritaron más fuerte. Algunas insultaron, otras se alegraron por ellas y a otras simplemente casi les da un colapso al tener a Harry a tan solo cinco metros de distancia. No sé como se debía sentir eso, no tuve la infancia suficiente como para lograr tener unos ídolos, ni un ejemplo a seguir. Soy mi propio ejemplo a seguir, supongo.

Miryam apretaba fuertemente mi mano, mientras que sus amigas se colocaban en una especie de corro muy pequeño en el que cuchicheaban algo sin sentido. Estaban todas temblando, se les notaba a la legua. Esto pasaba solo con Harry, pero ¿y cuando tuviesen a los otros cuatro chicos delante que conformaban la banda?

Anduvimos por unos metros más, y en el mostrador de recepción vi a la chica que nos había indicado como salir de aquella marea de gente para llegar a las tiendas de ropas, una muy buena mujer y con un gran sentido de la orientación. Miryam apretaba aún más mi mano —si eso era posible—, y murmuraba cosas incoherentes. Sé inglés hasta cierto punto, ami los trabalenguas en murmuros y con acento raro, no se me daban muy bien la verdad.

Miré al pobre de Harry, que aún llevaba mis bolsas en la mano, y que miraba de vez en cuando a su espalda para comprobar si nos habíamos perdido, o para ver como Miryam y sus amigas desorbitaban los ojos por su presencia; son dos opciones y ambas muy aceptables, no lo neguéis. Atravesamos un par de puertas dobles, muy grandes por cierto, y aparecimos en un salón mega ultra espacioso con altos techos y con varias sillas alrededor de una gran mesa. Cerca de la mesa había distintos tipos de sofás en los que Zayn, Louis, Liam y Niall descansaban y hablaban con los chicos de 5 Seconds Of Summer —también muy majos todos—.

    ¡Cachorritos míos! —dije en voz alta provocando que los nueve componentes de los distintos grupos, mi amiga y las cinco directioners que nos acompañaban, girasen la cabeza sorprendidos a mirarme— traigo visita, así que comportaos.
    ¡Oh! —exclamaron Louis y Niall mientras se ponían de pie mirando felices a las cinco muchachas; a la vez que Zayn comentaba—: ¿Cómo es que están aquí?
    Bueno —comenzó Natalia— resulta que en nuestro intento de pasar por las jodidas e imponentes puertas giratorias del demonio. ¿Se nota que no me gustan? Bueno, pues estas cinco muchachas contuvieron el aliento al oírnos hablar con el sujeto este —señaló a Harry— por teléfono. Y acabamos descubriendo que no podrán ir al concierto y que llevan desde la madrugada esperando para veros. ¿Claro?
    ¡Genial! —hablaron Liam y Harry a la vez.
    Harry, tu ya lo sabías —le dije mientras sentía la mano de Miryam sudar.
    ¡Jo! Para algo por lo que me emociono, me has cortado el rollo Alba —refunfuñó, fingidamente, mientras me encaraba.
    ¡Oh por el amor de Jesús Cristo! —bramé— no seas crío Harry.

Él me miró sonriente y se acercó a las cinco chicas junto al resto de los chicos.

    Presentaos chicas, tranquilas, no muerden. Aunque lo cierto es que aún no han comido… —dije esperando unas risas por su parte, lo que hicieron.
    Miryam.
    Rebecca.
    Clara.
    Anne.
    Sarah.
    ¡Te llamas como mi madre! —chilló Harry señalando a la morena de pelo lacio. Provocando, como no, que ella adquiriese un color entre tomate y lata de Coca-Cola.

Dejamos a las cinco jóvenes, llorando dos de ellas, aunque creo que ya venían llorando desde antes de atravesar las puertas rotatorias.


***


Estaba tumbada en mi cama, muy cómoda por cierto, cuando la música se paró. Miré que mierdas le pasaba y vi que había recibido un mensaje de mi amiga.

‘Alba: me he ido con Liam. Volveré… ¿luego? No sé, ya te llamo. Te quiero’

Pues me he quedado muy sola, sin nadie que me de conversación y me siga el rollo a temas estúpidos. ¿He comentado ya que me he quedado sola? Pues muy genial todo, si. Bueno, como me aburro porque después del mensaje este preparado por Satanás no me apetece escuchar más música, creemos una paranoia mental.

¿Qué pasaría si yo fuese rica? Pensemos. Primero de todo, no cogería los autobuses que cojo para ir a la maldita universidad. Que no es que no me guste la universidad o lo que estoy estudiando, sino que hay mucha gentuza, mala gente y eso como que echa para atrás a todo aquel que intenta estudiar. Segundo, viviría como una maldita reina egipcia, o emperatriz, o sultana, lo que hubiese en Egipto vamos. No movería un dedo y me lo darían todo hecho. Y claro, la gente que trabajase para mi —porque habría muchísima— me hablarían de usted, o me llamarían ‘señorita’ o ‘señora’. Aunque, pensándolo bien para que me llamen señora tengo que estar casada, y yo aún sigo libre como un colibrí sin un pipiolo a mi lado. Veo muy negro mi futuro de rica.

    Alba, abre —aporrearon la puerta. Me levanté en silencio, con el móvil en la mano por si tenía que pegar a alguien. Parece que no, pero este móvil hace pupa— Alba. Alba. Alba
    Joder, ¿Qué coño quieres? —dije al sujeto-pipiolo más conocido como Harry.
    Pues que voy a querer gilipollas, hablar —respondió con su súper ego por las nubes.
    Pues no me viene bien ahora, ¿no tienes amigos por ahí? Son ocho, bueno siete; alguno te tiene que hacer caso —respondí intentando cerrar la puerta.
    Son cientos de ellos —alcé mi ceja, queriendo que entendiese— ¿Centenares? —elevé más la ceja— ¿Algunas decenas?
    ¿Decenas en plural? Amigos de verdad, disponibles para ti, ¿en plural en serio?
    Bueno, de verdad once, disponibles uno y una niña.
    Pues corre, que te está esperando la niña y el amigo, yo estaba con mi música.
    ¿música? —preguntó obvio, a lo que yo obvia contesté.
    Si, música.
    Genial, ¿Qué música tienes? —dijo mientras apoyaba cómodamente su trasero en mi cama. Mi cama.
    Oye, ¿tú de que vas? —le dije mientras cerraba.
    Pues —miró su ropa con detenimiento y alzó la vista al techo— llevo una camiseta que tiene más años que yo, creo que de Springfield, la camisa no tengo ni idea, la he roto, los pantalones de Jack & Jones y las botas, pues no lo sé, pero se caen a trozos.
    Que crío eres —dije mientras él alzaba una ceja ante mis palabras.
    ¿Crío? —asentí orgullosa de haber prestado atención aquel día en las clases de inglés del hospital ese— ya van dos veces en un día, te vas superando.
    Fuera de mi cuarto, vete con tus amigos o con la niña —abrí la puerta de mi habitación.
    Liam se ha ido con Natalia, quedan 9; Zayn y Louis están haciendo Skype con Perrie y con Eleanor, me quedan 7; Niall no sé donde está, me quedan 6; Lou tampoco sé donde está; 5 Seconds Of Summer tampoco, me queda uno, y una niña. Tú y Lux.
    Pues anda majo, vete a jugar con Lux que estoy muy ocupada —comenté invitándole con sutileza a salir de mi habitación.
    El problema —sonrió mientras se me acercaba peligrosamente— es que con Lux nunca podría hacer esto.

La duda de sus palabras me duró hasta que así de la nada tomó mi cuello con sus labios. Me empujó contra la puerta, para cerrarla, no penséis. Me diréis ‘disfruta coño que es Harry Estilos’ y yo te diré ‘me gustaría, pero es que estoy en shock’. Pegué un pequeño chillido de rata, Joder me había mordido, que deja marca, subnormal.

Volví a activar mis cinco sentidos además de mi mente, y recordé que una escena como esta ya habíamos sufrido antes, hace unas 3 semanas. Agarré su pelo y tiré de su cabeza hacia arriba.

    ¿Me has mordido y has dejado marca? —dije yo.
    Es una venganza, por llamarme crío dos veces en menos de seis horas.

Comprendo a que jugamos. Pues ya le demostré una vez que yo también se jugar así que, juguemos. Tiré de él hacia mí y mordí su labio inferior, provocando un gemido por su parte. Este chico está más salido que el pico de una mesa, joder. Bajó sus manos a mis caderas y de ahí las arrastró hasta mi culo. Mi culo no se toca, parece que no lo había dicho nunca.

Besó mis labios ferozmente, parecía que me iba a comer, y yo para no ser menos le seguí el beso del mismo modo. Una batalla se produjo entre nosotros, una guerra civil, mejor dicho mundial dado que pertenecíamos a mundos distintos. El beso, el morreo, lo que fuese, bajó su velocidad, aminoró muy fuertemente y se tornó a uno dulce, sus manos abandonaron mi culo, dejando una huella de calor muy grande, y se posicionaron entrelazadas en mi cintura.

Fue en ese momento cuando supuse que el sentido del juego que en un inicio habíamos adoptado, se había ido esfumando conforme la guerra se relajaba y los soldados tomaban las trincheras enemigas, sin bajas, de un modo pacífico.

Empujó mi cuerpo con el suyo, llevándome de espaldas sin ni siquiera separar nuestros labios. Abrí un poco mi boca y tomé más aire, la parte posterior de mis rodillas tocaron el borde de la cama, y caí con él encima, casi dejándome sin aire. Sonrió, con una sonrisa que llegó a sus ojos verde esmeralda. Apartó la vista de mí y continuó dejando un reguero de besos húmedos. Sensibles, dulces, sin prisas.

Levanté su cabeza y tomé yo ahora el control, no me iba a quedar debajo de por vida. Me senté en sus caderas e hice lo mismo que él había hecho. Puso sus manos en mis piernas y las subió lentamente, tirando ‘sin querer’ de mi camiseta hacia arriba.

    No —dije tirando de ella hacia abajo, pero sin separar nuestros labios. El río sobre los míos y abrió los ojos.
    No ahora, pero ya ve-- —y así finalizó la conversación, ya que, para evitar que siguiese con sus estúpidas suposiciones le besé de golpe introduciendo mi lengua sin permiso en su boca. Algo que para ser sinceros, él no se negó.

Seguía moviendo la lengua por su boca, cuando él la mordió. Grité, ¡para no gritar! Y él se rió a carcajadas. No hace gracia, pero no dolía tanto como me imaginé.

Nuestro dulce beso se convirtió a partir de entonces en un morreo digno de una revista del corazón, o de dos adolescentes hormonados. Nuestros labios sin control de abrían y se cerraban sin ningún compás, saliva corría de un lado a otro, mordiscos, movimientos involuntarios. Yo me alejaba y él se acercaba más hasta que acabamos sentados, yo encima de él en una curiosa postura. Colocó una de sus manos en mi cuello justo cuando nos separábamos para reponer el aire perdido.

¿Qué estoy haciendo?

¿Por qué?

Tocaron fuertemente a la puerta de mi habitación, provocando que él y yo mirásemos de golpe a esta, después entre nosotros  y finalmente riésemos por las caras que habíamos puesto ambos.

    Con Lux nunca hubiera podido hacer esto, obviamente —dijo mientras yo me levantaba de sus piernas para acercarme a la puerta.
    Espero que ni lo intentes de nuevo —amenacé, obviamente en broma al pipiolo.

¿Esto dónde nos dejaba ahora? Seguían aporreando la puerta, cada vez con más frecuencia. Que pesada la gente, hostias. Agarré el manillar de la puerta y la moví con suavidad, mostrándome al otro lado a una joven que me miró de pies a cabeza. Las pintas que debo de tener con el pelo y los labios ahora rojos. Muy bella me debo de ver.

    Aparta bicha —dijo la subnormal que había atravesado el umbral de la puerta.
    ¿Perdona bonita? —mi arte choni andaluz daba sus frutos y mi lado mas barrio bajero.

Ella apartó la vista de mí y la posó sobre Harry.

    Harry, amor, estoy embarazada.

    ¡¿Qué?! —exclamamos ambos a la vez mientras nos mirábamos.
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3/4 Maratón. He tenido problemas con las páginas donde subo. mañana el último y un regalo love u all!!

domingo, 4 de mayo de 2014

Capítulo 31

‘Palabras sueltas. Oídos sordos. Mentiras incontrolables. Desilusiones pasajeras. Cientos de personas traidoras. Y, con los dedos de nuestra mano podemos contar las verdaderas. La vida de un adolescente común se resume en sus pensamientos más profundos. Los adultos dicen que ellos pasaron por esto, que no nos tenemos que quejar, que no es para tanto. Ellos no entienden que antes de tiraban un palo, te herían; antes te insultaban o amenazaban una vez, y al día siguiente nada había pasado. Ahora han aprendido, y saben que con unas palabras bien dichas en un momento de flaqueza, te hunden en la miseria’— Alba Gómez Carmona


Día 9 de junio del 2013, o ¿debería decir 10 de junio? No tengo muy claro la hora que era con exactitud. Tampoco es que el día haya sido el ‘nova más’,  esa expresión me perseguirá hasta la muerte... Hacía una hora escasa que habíamos abandonado el escenario de Foro Sol, y ya estábamos tomando asiento en el autobús de la gira para dirigirnos al aeropuerto cercano en el que tomaríamos un vuelo para ir a Florida. En 4 días o en 3 —depende de cómo lo mires— daríamos allí de nuevo otro concierto, luego a Miami... y así.

Sobre el tema del cuadrilátero amoroso Sophia-Liam-Natalia-Marco, había novedades y para mi fortuna —nótese la ironía— todos los planes me incluían de un modo demasiado poco sutil, yo entraba en los planes de estos dos, y muy fuertemente.

*Flashback*

    ¿Marco? —habló Natalia, proyectando su voz por el altavoz del teléfono. Hacía escasos minutos que nos habíamos despertado esa mañana y su primer deber era comprobar que Marco estaba despierto para poder contactar con él.
    Si, estoy bien —dijo tras una pausa— no, solo que se me cayó el móvil del bolsillo mientras estaba sentada en un sofá, me fui y Zayn lo recuperó antes de que entrase en un ataque de nervios —en cierto modo, era verdad, la cosa es que le temblaba un poco la voz, esperemos que no la descubra.
    Que sí, que no te estoy mintiendo —mierda, mierda, mierda— Zayn es uno de los cantantes del Tour, es amigo de Alba y mío.
    ¿Qué te parece venir con nosotras cuando vayamos a Miami? —Dijo cruzando los dedos, rezando para que aceptase y así tener un par de días de más de libertad con Liam— a Miami llegaríamos el 14 de junio, ¿te parece bien?

Hasta yo rezaba en esos momentos para que aceptase y así Natalia estuviese despreocupada por unos días, aunque fuesen pocos, pero eran 3 días completamente libres sin conciertos, ni preparaciones, nada.

  — ¡Genial! —chilló mi amiga de la emoción de tener más tiempo sin él mientras mostraba sus pulgares hacia arriba en mi dirección— ¡nos vemos en unos días! Adiós —dijo poco antes de que la interrumpiese, ella puso mala cara— si, si. Yo también —susurró con desgana y finalizó la llamada.

*:——:*

De modo que en resumidas cuentas, tras la conversación con Marco, Natalia estuvo todo el día de morros hasta que le dio a Liam por llevársela lejos de mí. Gracias Liam, salvaste mi paciencia y mi buena aura mágica de unicornio. Supongo que mientras hicieron lo que hiciesen, Natalia le comentaría la conversión al señor, porque una hora después apareció para decirme que había convencido a Sophia para encontrarse con ella en Miami también. Ese día si que voy a trabajar como una estúpida…


***


Era temprano por la mañana, del día 10, y estaba tumbada en la cama que ocuparía Natalia, con los auriculares puestos y la música encendida —obviamente— cuando de repente se cortó y la señora ‘Marimba’ comenzó a hacer presencia. Alcancé el aparato y miré la pantalla, era un mensaje. ¿El destinatario? ‘Oculto’. Tragué saliva fuertemente, y en ese instante salió Natalia del baño mostrándome la pantalla de su móvil, la misma palabra salía escrita en la superficie.

Abrí el mensaje. No podía hacer más.

‘Querida Alba:
Vuelvo a ser cortés conmigo, no sé si te lo he dicho antes pero gracias por volver, las niñas esas no hacían bien su trabajo. Florida, un estado muy caluroso, ¿has traído ropa apropiada? Vas a tener que pasear mucho por la calles en compañía de las parejas de tus amigos. Me gustaría decirte bonitos lugares para que los entretuvieses, pero ambos sabemos que no irías. Ten cuidado con tu figura, estoy vigilando, y sabes que me encantaría arrancarte la piel a tiras. Saludos perra.’

‘Natalia:
No me gusta verte “retozar” por los pasillos de tu lugar de trabajo con un chico tan famoso como Liam. Es decir, recuerdas las chicas que ocuparon tu lugar de trabajo, ¿no? Bien, fueron despedidas por liarse con Harry y con Niall, no querrás ser tú también despedida por una cosa parecida. No temas, yo no diré nada, pero recuerda que millones de ojos no observan y yo tengo bien puestos los míos en ti. Pásalo bien con Liam, o ¿debería decir Marco?’

Si el miedo existe, debe estar escondido en un cuarto totalmente a oscuras hecho una bola en un rincón de su estancia después de esto. No soy asustadiza, he vivido demasiados retos en la vida como para ir llorando por las esquinas con cada tontería, pero esto era demasiado ya. Tengo miedo.

Inspiramos profundo y, guardé el mensaje en la carpeta de recibidos de mi teléfono, le hice hasta una captura de pantalla por si se perdía.

    Esto no está pasando —susurró Natalia.
    Ojala que así fuese, pero yo ya no sé que hacer —podríamos ir a la policía, pero ya nos lo dijo, si vamos moriremos, si se lo decimos a los jefes, moriremos. La persona que nos está haciendo esto está en el Take Me Home Tour, y es alguien importante.
    Está entre nosotros, no debemos fiarnos de nadie.
    Lo sé, estaba pensando lo mismo yo en este instante.

Cogimos los teléfonos, el monedero y lo metimos todo en el bolso. Decidimos de un modo muy mental, casi telepático, ir de compras por la ciudad. Si, pensaréis: ‘pero como os vais a exponer a salir con el loco maniaco ese suelto. Estáis locas’ y nuestra respuesta sería muy simple. No podemos quedarnos en la habitación toda la vida, en cualquier lado nos expondríamos a él, o ella. Hagamos lo que hagamos nos tiene vigiladas, así que mejor disfrutar siendo unas ignorantes, que estar esclavizadas pensando en todo.

Las calles estaban llenas de gente por lo que se veía desde la ventana de la habitación. Bajamos al hall de entrada, y estaban varios agentes de seguridad custodiando la entrada principal del recinto. Decenas de jóvenes se agolpaban en los ventanales que rozaban el suelo, y en las puertas giratorias. Pedimos salir, y entre empujones de unas y de otras, gritos por todos lados esperando la presencia de alguno de los cinco chicos que les tenían robado el corazón, tocamos asfalto despejado. Los vehículos avanzaban como podían.

Según una chica de recepción, algunas tiendas de ropa se encontraban cerca de una avenida muy espaciosa a unos cinco minutos del hotel, en dirección Este. De modo que emprendimos camino, como dos Indiana Jones en busca de lo desconocido. Llegamos tras, diez minutos a la avenida espaciosa que nos habían dicho. Más que nada, es que nos perdimos, el sentido de la orientación se halla en nosotras en el culo, básicamente.

Eso si, que ropa mas bonita, joder. Le veo futuro a está tienda. Faldas, faldas-diadema, pantalones, pantalones cortos, pantalones-cortos-diadema. He de decir que si veías una prenda, ibas a encontrar otra igual pero mucho más pequeña, no en talla, sino en estilo. Si me pongo algunas de las camisetas que hay ahí, se me salen las pechugas.

Si me preguntáis como me encuentro, os podría decir mil cosas de mi estado de ánimo, y ninguna buena la verdad. No tenía un buen presentimiento del futuro cercano. No por el mensaje de ese bastardo o bastarda, sino por otra cosa. No sé lo que es pero va a complicar las cosas a unos nivelas impresionantes. Enormes. Y, yo no me suelo equivocar con este tipo de sensaciones.

Tras cerca de una hora paseando por las distintas tiendas que esa calle nos ofrecía, decidimos volver al hotel, a comer obviamente. Yo sin comer no soy persona. Esta vez, al regreso tardamos los cinco minutos indicados por la chica aquella de reopción, somos tontas la primera vez, la segunda lo seguimos siendo, pero lo disimulamos genial. Cerca de las puertas giratorias que daban al interior del hotel, un guardia de seguridad que no habíamos visto en nuestra vida, nos paró de golpe.

    No podéis pasar señoritas, necesitáis mostrarme la llave de la habitación —dijo el segurata, con cara de pocos amigos y con un auricular de goma espuma naranja para proteger de los ruidos fuertes colgando del lado izquierdo de su cabeza. Rebusqué en mi bolso, sin éxito al igual que hizo Natalia obteniendo el mismo resultado.
    No la encontramos, pero le prometemos que nos hospedamos aquí con One Direction —él guardia se carcajeó en nuestra cara, a la vez que las chicas más cercanas a nosotras gritaban por la mención de sus ídolos.
    Si, y yo soy el marido de Catherine Zeta Jones —dijo como pudo entre risas.
    Pero es totalmente cierto —dijimos Natalia y yo a la vez. En esos momentos era cuando estas niñas tan monas podrían comentarle al guardia de seguridad que es cierto, pero no lo hacen…— Llama a alguien Alba —me dijo Natalia mientras que el detestable señor alzaba una ceja.

Saqué el teléfono del bolso tras buscarlo por unos segundos, ya que el maldito se había escondido en lo más profundo del bolsillo interno. Cuando lo tuve en mi mano, comenzó a sonar escandalosamente. Bendito ‘Marimba’ menos mal que te haces oir. Miré la pantalla ‘Harry Styles’ decía en ella. Se lo mostré a Natalia mientras que ella sonreía triunfal al saber que estábamos salvadas.

    ¿Harry? —grité entre todas las voces que se alzaban sobre la mía, pero al mencionar el tan conocido nombre, todas cesaron y pararon sus gritos para instantes después gritar eufóricas de nuevo.
    Alba, donde mierdas estáis, llevo buscándoos a Natalia y a ti por 15 minutos —su voz grave se oyó por el auricular para las que más cerca de nosotras estaban, las cuales callaron y chistaron a las demás pidiendo silencio.
    Genial que nos hayas estado buscando, porque necesitamos que vengas a la entrada principal, no nos dejan pasar. El guardia no nos deja porque olvidamos las tarjetas —comenté como si conmigo no fuese la cosa. Suspiró frustrado.
    Este bien —dijo alargando cada vocal— pero, me debéis una porque va a ser mi muerte salir ahí.
    Si si —dijimos Natalia y yo, que había estado escuchando la conversación, al igual que otras cinco chicas.

Las miré a las cinco, me miraban con casi a punto de llorar. Tendrían unos 16 o 17 años como mucho.

    ¿Qué ocurre? —preguntó Natalia que parecía haber visto en ellas lo mismo que yo.
    Que… que va a… a salir Ha… Harry —respondió tartamudeando una rubia de pelo liso.
    Awww… —pensé en darlas una alegría ya que ellas estaban controladas.

Encaré a mi amiga y hablé con ella en español.

  — Podríamos pedirle a Harry que las dejase pasar a ellas cinco, son pocas y muy majas y controladas —Natalia asintió con una sonrisa. Harry estaba tardando mucho en llegar…

Volví a encarar a las cinco chicas que seguían en silencio a diferencia de las otros cincuenta restantes —por aproximación—.

    ¿Vais al concierto que hay el día 13 aquí en Sunrise? —les pregunté para hacer tiempo. Ellas negaron con su cabeza. Las cinco lo hicieron.
    Eran caras, y cuando logramos el dinero ya no habían, así que venimos aquí para al menos estar cerca de ellos —dijo con una triste sonrisa una morena bajita.
    Si prometéis manteneros en silencio cuando salga Harry, seréis recompensadas, ¿nos lo prometéis? —contestó Natalia con una sonrisa. Ellas asintieron y respiraron hondo para prepararse.

Vi una camisa de cuadros aparecer por el Hall. Apartó a un par de guardias de seguridad y giró las puertas rotatorias. Miré a las chicas y les guiñé un ojo. Ellas volvieron a respirar hondo. Harry tocó el hombro del guardia y este se giró sorprendido al verle. Una oleada de gritos procedentes de mi espalda iniciaron.

    ¿Se puede saber que hace? —se dirigió Harry al guardia— No se da cuenta de que las señoritas se hospedan aquí. Son nuestras maravillosas encargadas de sonido y video. Y amigas por supuesto —nos miró y lanzó la típica sonrisa que lanza a todas y se derriten.
    Perdone señor Styles, son las normas de seguridad que han adoptado los señores George y Jeff —dijo mientras nos miraba con odio— no volverá a ocurrir. Pasen señoritas.

Dijo mientras se apartaba de la entrada. Miré a las cinco chicas, que como prometieron, estaban tranquilas exteriormente pero eufóricas por dentro. Seguimos a Harry hasta antes de llegar a las puertas giratorias.

    Harry —llamé. Él me miró fijamente— ¿Qué pasaría si cinco chicas muy tranquilas se entrasen con nosotras porque no tienen entrada y llevan desde la madrugada esperando a que salgáis?
    Emmm… —dudó— ¿Es una pregunta trampa?
    ¡No! —dijo esta vez Natalia— nos han dado mucha penita, nos han contado lo que les pasó y porque no pueden ir. ¿Pueden venir? ¡Porfa! —dijo como una niña pequeña.
    Esta bien —dijo sonriendo mirando a todas las chicas y chicos que allí había— por mi no hay problema.

Chillé como una rata. Le lancé a Harry casi a la cara las bolsas de las compras y me giré sobre mis talones. Llegué hasta las cinco jóvenes y agarré sus manos mientras tiraba de ellas.

    Vamos —dije casi a gritos— vais a conocer a vuestros ídolos por cortesía de Alba y Natalia.


El gesto y mirada de esas chicas me mataron casi. Cerca de morirme de ternura estuve.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------Maratón 2/4 esta noche siguiente capítulo. Mañana el último.

Capítulo 30

‘“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.” ¿Qué esperar al saber que el mundo que siempre soñaste nunca existió? ¿Y qué la imaginación una mala época te jugó? Aprendí a vivir sin miedo a enfrentar a mis sentimientos. Aprendí a no abandonar lo que me hace grande. Aprendí a callarme mis verdades, y así descubrí en el hoyo, profundo y depresivo e el que mi rutina me había hundido sin piedad alguna. Gracias, sueños, por ayudarme a cavar mi tumba de la imaginación…’ — Alba Gómez Carmona


Un día más, un concierto más había pasado. Masivo. Esa sería la palabra que definiría Méjico a la perfección. Gran escenario, grandes pantallas, un estadio enorme, y como no un publico asombroso. Los asistentes de video para el documental que estaban preparando habían acabado de grabar las últimas tomas de lo que sería ‘This Is Us’. Según me había contado un pajarillo, no sé si afirmar su lealtad, sería una película-documental-relato-fangirleo-masivo, vosotras ya me entendéis. ¡Espera! ¿Con quien mierdas estoy hablando? Bueno, que más da eso ahora, lo importante es que mientras que no tenga que volver a ese lugar de brillantes y limpias paredes blancas, todo está bien.

Llegamos a la sala de descanso-peluquería-vestuario y me tiré en el confortable sillón de cuero negro que allí había. Bueno, en uno de los 3 sillones como este de cuatro plazas que había repartidos por toda la estancia. Y, Natalia tomando ejemplo, se tiró de un modo similar en el mismo sillón que yo. Es u hecho que los hermanos pequeños copian a los hermanos mayores. El problema aquí es que solo era 3 meses mayor que ella y que no somos hermanas, tal vez pudiéramos serlo de sangre… compartimos el mismo grupo sanguíneo. Es decir, si nos fuésemos a la montaña y yo me hicieses una herida, ella moriría; es bastante obvio que me quedaría yo con su sangre. Vale, eso no pasaría, pero… ¡No, Alba para!

Bueno, os cuento un cotilleo muy jocoso que he visto, seguro que os interesará. Resulta que unas horas antes de que el concierto comenzase, vi a Natalia y al Liam tal que pegándose el lote tras unas cajas de cartón cuyo contenido desconozco, y el cual solo Dios y probablemente el resto del Team del Tour conoce. Yo no tengo muy claro lo que son o que hacen con sus vidas que aun no me han contado que tienen. Si alguien lo sabe, que me mande un WhatsApp, gracias.

Lux entró corriendo a las sala en la que Natalia y yo estábamos esa niña era… no hay palabras, por ella yo hablo delfínico casi todos los días. Tras de ella apareció el sujeto que tantas preguntas me debería de contestar y no ha hecho. Liam. Natalia con la agilidad de un lince y la sutileza de un caracol —nótese la ironía chorrear de cada una de las letras y de las palabras que salen de mis labios, bueno, de mi mente— se sentó correctamente en el sofá. Parecía una jodida millonaria de esas que parece que les han metido un palo por el culo, ya comprendéis mi punto.

Tras de él, aparecieron esos cuatro chicos que restaban por hacer acto de presencia. He de decir que pese a todo el cariño y todo lo que habían hecho por mi en este tiempo, me apetecía enormemente en este instante estamparles un jarrón en sus cabezas. Más que nada para que les quede claro que hay otros 3 sofás como el mío y que no tenían que tirarme del que estaba…

De un modo muy sutil las carcajadas se extendieron por la sala, e instantes después Liam y Natalia habían dejado de honrarnos con sus presencias. Realmente el suelo es cómodo, la moqueta no es tan asquerosa como siempre pensé. En serio, no me gustan porque son difíciles de limpiar y Dios sabe lo que esconde cada centímetro cuadrado y cúbico de ellas. Una parte de aquel hospital tenía moqueta. Incluso algunas habitaciones la tenían. Era horrible.

Me revolví con sutileza en el suelo y cerré mis ojos, era lo mejor que podía hacer, era tarde y estaba muy cansada como para arrastrarme hasta el sofá más cercano a cuatro metros. No soy vaga, es fatiga laboral.

***

  — ¡Alba! ¡Alba! —se oía de fondo una voz gritar mi nombre. Lo normal e estos casos, es abrir los ojos, girarse, desprenderte de la posición fetal que había adquirido mi cuerpo y mirar con odio a la persona que estaba tocando las narices. Pero como yo soy especial como una langosta decidí ignorar los gritos y seguir durmiendo.

Tocaron mi brazo. Bueno, más bien tiraron de el como si quisieran arrancarlo de su lugar. Abrí los ojos y me encontré con el señor Zayn mirándome preocupado. Me asusté la verdad, no es normal que alguien venga gritando a donde tu estas —que ya no era el suelo de moqueta, sino un sofá del autobús— y te mire con cara de limón pocho.

  — ¿Qué pasa? – dije mirándole. Al instante él me tendió el teléfono del que unos gritos salían.

    Pasa que yo no sé hablar español. Estábamos fuera, porque ya nos vamos a la carretera hacia la siguiente ciudad y el teléfono de Natalia empezó a sonar —dijo veloz mientras yo tomaba el teléfono en mis manos.
    Comprendo —se sentó a mis pies, aplastándolos. Supongo que esperando a que yo contestase; a lo mejor le gusta como es el acento del español.
Miré la pantalla, no salía numero, y el nombre que tenía no era muy normal ‘Pichiiión’ anunciaba la pantalla.

    ¿Si? —contesté— ¿Pichión?
    ¿Alba? —dijo la conocida voz de Marco— ¿Dónde está Natalia?
    No sé —contesté sincera— a mi me ha despertado Zayn y no sé ni quien me ha traído a dónde estoy —miro a Zayn interrogativa y le hago una seña queriendo decir ‘¿Quién me ha traído aquí?’.
    Fui yo —responde él de repente.
    ¿Quién ha dicho eso? —pregunta el pesado de Marco por el auricular del iPhone.
    Zayn —respondo simple a su pregunta— ¿Por qué?
    Curiosidad simplemente —alcé una ceja inconscientemente, sinceramente su tono no me ha inspirado la confianza necesaria. Ahora es Zayn quien me mira interrogante— solo quería hablar con ella para decirle, más bien para confirmar el día que iría para allá. Tengo unas ganas terribles de verla.
    Ajá. Si. Ya, ya le digo yo a ella que te llame, más que nada, allí será temprano por la mañana, pero aquí es de madrugado, ya sabes, cambios horarios —dije con la intención de quitármelo de en medio con rapidez— hablamos luego adiós.
    Adi-- —no le dio tiempo a decir una sola palabra más ya que corté la llamada enseguida.
    ¿Y que pasó al final? ¿Quién era? ¿Qué quería? —preguntó el chico de tatuajes por todas partes demasiado rápido para una persona que se acaba de despertar.
    Shhh —chisté— de una en una Usain Bolt. A ver, era Marco, aquel chico que vino a buscarnos a Natalia y a mi cuando estábamos en España. Quería hablar con Natalia para concretar cuando va a venir aquí a pasar unos días con ella. Esto entre tu y yo, en modo maruja, pero creo que son algo así como pareja o algo —él abrió sus ojos sorprendido por mi confesión, supongo que pensaría que Natalia estaba jugando con Liam o algo así— y por último, al final lo que ha ocurrido es que le he mandado a freír espárragos con la mayor sutileza posible.
    ¿freír espárragos? —preguntó dudoso de si me había comprendido bien. Pobrecillo.
    Si, es una expresión muy usada en España al menos, para mandar a la mierda a alguien sin decir exactamente esas palabras.
    Entiendo…
    Y, ¿sabes donde están Liam o Natalia? —pregunté a la vez que me ponía en pie, pensando en la posibilidad de que estuviesen en el mismo lugar que esta mañana.
    No, pero sería conveniente que fuesen apareciendo, en pocos minutos tenemos que irnos a la carretera —comentó mientras yo retiraba la manta que aún traía en mis hombros.
    ¿Hay que ir muy lejos? —pregunté. Él negó con la cabeza.
    Es ir hasta el hotel, mañana tenemos otro concierto en el mismo sitio —me contestó mostrando una pequeña fila de perlas, todas alineadas que sostenían su lengua.
    Gracias por traerme y taparme con la manta. ¡Ah! Y por no dejarme en esa horrible moqueta —el se rió ante mi comentario y movió su cabeza restándole importancia al asunto.

Salí del autocar, retrocediendo mentalmente sobre los pasos dados durante el día, para recordar donde mierdas estaban las cajas que todo el mundo sabía que contenían menos yo. Caminé por los pasillos, blancos, con una cenefa de madera a la mitad de cada muro y con tablas horizontales adornando bajo de esta. Tenían un rodapié bonito, nunca lo podría en mi casa per-- ¡Alba, focaliza!

Seguí mi camino y después de perderme en el laberinto de pasillos con un aceptable rodapié como unas cinco veces sin exagerar, encontré la salida al escenario. No sé si he comentado que las cajas estaban pocos metros antes de la salida número 2 posterior izquierda desde la pista del escenario. ¿Os ha quedado claro? Yo tampoco sabía ubicarla hasta que me enteré que el alimentador de luz para enchufar todo lo que usaríamos esta ahí. ¡Ah! Y la comida también está en esa zona.

Arrastré mis pies hasta mi objetivo. Una muralla marón ante mí. Que bonita era, le haría una foto y la subiría a Instagram, si no fuese porque estaban ahí los dos ‘Pichones’ haciéndose transfusiones de saliva el uno al otro. Los entiendo, a veces no tenemos suficiente saliva.

Yo tengo miedo escénico, y me quedo sin saliva.

  — Ejem, ejem —carraspeé con la mayor fuerza que encontré. Y no se separaban, ni se inmutaron. Parecían un chicle pegado al pelo— ‘Pichiones’ —grité.

Parece ser que Natalia reaccionó al oir el nombre que le tenia puesto a su rollete español, y se separó con la velocidad de la luz del pobre Liam; que, se quedó con una demasiado épica cara de pato. Digno de una fotografía para la posteridad…

    ¿Qué haces aquí? —dijo Natalia con un cierto tono de incomodidad en su voz.
    Hola Alba —dijo esta vez Liam con la cortesía que le caracterizaba.
    A ver cielo mío, relájate que tengo varias cosas que decir que nos concierne a los tres. —comenté con tranquilidad mientras miraba a los ojos castaños de mi amiga — Resulta que os traigo noticias.
    Habla rápido, no tenemos todo el día –dijo ella molesta. No se lo tomo en cuenta, porque si no, la mataría fría y dolorosamente.
    Primero de todo, el autocar nos espera para irnos al hotel —Liam miró su reloj del móvil, el cual aprecié por la poca distancia que nos separaba, que estaba en silencio. Normal— Segundo, ha llamado Marco, dice que viene y quería hablar contigo para saber cuando puede, espera que tu contestación sea pronto y su viaje más aun —le lancé el iPhone a sus manos y lo atrapó al vuelo mientras que su mandíbula inferior caía en picada. Si no fuese porque está unida al resto de su cuerpo, habría acabado en el núcleo terrestre.
    ¿Qué? ¿Y que hago yo? ¿Y porque te concierne? —dijo nerviosa, todo lo contrario de cómo yo me hallaba. Liam observaba la escena en segundo plano, como si de una película se tratase y él no tuviese nada que ver en ella, cuando era uno de los personajes principales de la trama.
    Lo que has oído. Podría llamarle. Y por último me concierne porque de algún modo habrá que distraer a Marco para que Don Pipiolo y tú tengáis unos minutos para hacer cosas de mayores —completé graciosa mi ultima palabra y la miré fijamente, mientras veía de soslayo como Liam volvía a introducirse en su papel de actor en esta tan intrincada trama.
    Sophia también viene.

Le miré fijamente. Así que él también ‘engañaba’ a Natalia como ella le ‘engañaba’ a él. Curiosa trama. Me acerqué a él y le agarré como los hombres se agarran entre ellos, con una mano atravesando la parte posterior de su cuello.

    Tu solo preséntamela, que del resto me encargo yo. Por Dios soy la diosa mágica de los engaños y vengo del futuro para dejaros la ropa más blanca, digo, vengo del futuro para entretener a vuestros respectivos parientes— dije sonriente.
    ¡Gracias! —dijeron sonrientes ahora ellos.


Torné mi gesto serio y dije: — Pero me pagáis.
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Maratón 1/4 por tiempo de espera. Perdón. (Explicaciones al final de la maratón)

domingo, 9 de marzo de 2014

Capítulo 29

‘¿Música? La música ayuda a la gente. Las hace fuertes, los identifica o simplemente los relaja hasta tal punto de olvidar las preocupaciones. Muchas veces, el resto critica lo que escuchamos por el simple hecho de que la voz, la canción, el ritmo, la letra,… no le gusta en absoluto. Y otras muchas veces critican y se ríen por el cantante, la cantante, la banda, el grupo,… ¿en serio debemos enfrentarnos a ellos por sus propias opiniones? Yo digo que no, porque sé que algún día llegará el momento que el universo se lo devolverá todo junto. No hay que menospreciar las demás opiniones, solo atender a las de la gente que de verdad lo merecen’ — Alba Gómez Carmona


NARRA ALBA

   — ¡Eh, Natalia! – llamé la atención de la morena que estaba frente a mi – Tira con más fuerza de estos cables o no llegaremos a ningún lado.

Estábamos en las escaleras de acceso a las gradas. Unas enormes gradas a decir verdad. Y para nuestra desgracia con altísimas temperaturas nos encontrábamos tirando de unos cables, que pesarían seguro más que nosotras dos juntas, escaleras arriba. En realidad si echas cuentas, habríamos andado más de 3 kilómetros. Si lo sé, no me hubiese apuntado a ese gimnasio…

   — ¡Venga culo vago! Solo 30 escalones más y habremos acabado – Gritó mi amiga con fuerza. Eché un vistazo a mi alrededor para comprobar como iban José y Carlos, los otros dos operarios que nos estaban ayudando. Obviamente nos sacaban 3 cuerpos, 2 cabezas y ya estaban agitando su mano en gesto de despedida para irse.

¡Malditos sean ellos! Ya se iban para sus casas… su trabajo había acabado y a nosotras aún nos quedaban un par de horas terminando de organizar. Lo que daría por un helado…

***

   — ¡Vamos apartaos todos de mi camino! – gritaba mientras caminaba a paso veloz por los pasillos del backstage con Natalia a mis espaldas riendo a carcajadas. Entré en la zona de ‘aperitivos’, si, entre comillas mentales porque si eso son aperitivos yo soy de Noruega. Vaya festín de comida mejicana…

   —Eh, ¿pero a ti que te pasa? – dijo Louis mientras cogía en mi mano derecha una Coca-Cola y en la izquierda helado de vainilla.

   —Tengo calor – respondí simple a su pregunta.

   —Y no necesitas por casualidad a alguien que te baje los humos ¿verdad? – dijo la voz del pesado que tan bien conocía.

   —No Harry, cielo. ¿No necesitarás por casualidad que te lo baje yo a ti? – Dije alzando una ceja intensificando el tono pervertido de mis palabras – recuerda que tengo helado, y esta muy fresquito.

   —No juegues conmigo eh. Recuerda que soy tu jefe.

   —Unos cojones eres mi jefe. Solamente eres un pipiolo – le respondí con algo de humor en mis palabras. No me molestaba ‘discutir’ con él, al contrario, era muy divertido en realidad.

   — Pi-- ¿qué? A mi no me digas cosas en español que no me entero. Niall, que dice la señorita – le pregunta a él con un gesto asustado, esperando que no sea nada malo lo que salió de mi boca.

   —Básicamente te ha llamado niño – dice el chico de ojos azules.
   —Vaya, además de saber español eres todo un diccionario. Me asombras pequeño Niall – dije mirándole.

   —Tienes claro que soy yo mayor que tu ¿no? – respondió él.

   — ¡Shh! – le chisté – sígueme el juego pequeño aprendiz.

Ambos comenzamos a reír como dos niños. Para cuando me quise dar cuenta, nos habíamos quedado Niall, Harry, Louis y yo en la sala. Me senté en el suelo y empecé a comer helado. Mucho helado.

   — ¿Sabéis donde están Nat, Liam y Zayn? – pregunté mientras sacaba la cuchara fría de mi boca.

   —Zayn sé que se fue con Lou para hablar con Perrie – respondió Louis que desde hacia rato no había dicho ni una sola palabra.

   —De los otros pipiolos no sé nada… para mí que se fueron en cuanto entraste insultándome – comentó Harry con sorna.

   — ¡Eh! – Me quejé divertida – yo no vine insultando, fuiste tu el que vino tomándose los actos por su cuenta.

   —Mentira.

   —Es totalmente cierto, no sigas negando lo evidente.

   — ¡Qué no te es--!

   — ¡Niños! – Interrumpió Louis - ¿Podéis parar?

   —Lo sentimos, papá – respondimos ambos a la vez mientras estallábamos en una carcajada muy sonora.

   —No tenéis remedio – dijo pasando sus dedos por el puente de la nariz – si no fuese porque os conozco lo suficiente diría que sois hermanos

Harry y yo nos miramos como si no nos hubiésemos visto en años, inspeccionando el parecido que teníamos.

   —Solo el pelo – reprendió él.

   —Me gustaría saber donde están – dije cambiando de tema.

   —Seguramente Liam le estará metiendo la lengua hasta la garganta – Rió Niall mientras bebía un sorbo de su botella.

   —Pero Liam tiene a Sophia – respondió Louis.

   —Además, no creo que a Natalia le guste él, ¿no Alba? – Terminó de hablar Harry.

Procesé la información. Liam tiene… ¿novia?

   — ¿Qué? – dije sin poder creerlo.

   —Que seguro que a Nat-- – empezó a decir Harry de nuevo.

   —No eso no, lo de Louis.

   —Liam se echó novia cuando estábamos en España. Creo, luego afianzó durante sus vacaciones pero aún nadie lo sabe, solo nosotros y tú.

   —Madre mía. Madre mía. Madre mía. – empecé a ponerme nerviosa.

   —Tranquila, que pasa. No es tan grave ¿no? – dijo Niall.

   —Natalia – negué con mi cabeza – a Natalia le gusta Liam. Liam tiene novia. Natalia tiene novio. Como Liam le de una mínima esperanza lo deja todo por él. Ella es muy muy enamoradiza…

NARRA NATALIA

Alba, como siempre le estaba tomando el pelo a Harry. Yo que él no me metía con ella mientras come. Puede llegar a ser peligrosa… por experiencia. Noto que tiran de mi codo con delicadeza y giro mi cabeza hacia la izquierda. Liam me mira con ojos brillantes. ¡Qué ganas de besarle! No me toméis por una guarra, Marco y yo… en fin.

Me pide con la mirada que le acompañe y así hago. Salimos de la habitación sin que nadie note nuestra ausencia. Caminamos por el frío y gris pasillo que hay cerca del escenario. Paramos de andar y veo que estamos en frente de las gradas, aún cerradas al público.  Le miro y veo una sonrisa en su rostro.

   —Lo daría todo por defender a las personas que se van a sentar ahí esta noche – dijo mirando aún hacia las gradas.

   —Lo sé.

   —Ven – dijo haciendo un gesto con su cabeza hacia el otro lado del lugar – Siéntate si quieres – tomé asiento en el suelo y le miré atento.

   —Mira, me veo en la obligación de decirte esto porque te tengo mucho aprecio y no quiero que te confundas conmigo ni que me tomes a mal. Me odiaría si me odiases… verás.

   —Vamos Liam, dilo – le animé. Sabía perfectamente lo que me iba a decir y me sorprendía que siempre intentase ser tan bueno con todos y decir las cosas con el mayor tacto posible.

   —A ver, yo tengo novia – dijo dudoso de si mirarme a los ojos o no.

   —Ya, se llama Sophia – dije tranquila – y yo también tengo algo así a un novio, se llama Marco, ya le conoces. ¿Algo más?

Se sorprendió de mi tranquilidad. Incluso yo me sorprendí.

   — ¿Y ya está? No vas a decirme nada, ni pedirme explicaciones por el beso y esas cosas – preguntó dudoso. Cualquiera en su lugar lo estaría.

   —Mira, Liam pongamos las cartas sobre la mesa. Yo no soy muy avispada para estas cosas, menos mal que tengo a Alba. No me molesta que tengas novia y me besases, porque si lo hiciste sabiendo que carga sentimental tenías, no me hubieses besado – dije mirándole a sus brillantes ojos.

   —Pero, ¿no sientes tu carga emocional hacia Marco o…?

   —Nunca has tenido la sensación de que has estado tanto tiempo conociendo a una persona, que al final tan solo por la confianza o el cariño que le tienes aceptas a lo que te pida solo por intentar olvidar a otra persona que de verdad te ha roba do el corazón… bueno, vaya apertura de sentimientos te he hecho en un momento – reí cínica intentando que no se notase lo sentimental que verdaderamente me había puesto.

   —Vaya, no pensé que de verdad me quisieses o algo. Esto es muy nuevo para mí en este momento. No puedo dejar a Sophia. Lo sabes ¿no?

Asentí.

   —Ni yo a Marco, pero aun así quiero estar contigo.

   —Podem-- no, déjalo es una locura – dijo riéndose mientras miraba triste hacia el suelo.

   —Venga Liam dilo, es ahora el momento de vivir y de hacer locuras, sino ¿cuándo sería?

   —Pensaba en amigos con derecho, en secreto, pero no, es una estupidez. No quiero hacerte daño.

No, no era una estupidez. Joder, yo le quería me da igual como tengamos que llevar esto.

   —Acepto – dije mientras le tendía una mano para cerrar nuestro ‘trato’.

Él miro cauteloso a mi pálida mano y dudo durante unos instantes. Unos instantes, eternos que parecían no acabar. Sonreí torcidamente y al final él correspondió a mi sonrisa.

En vez de agarrar mi mano, acerco sus labios a los míos y los besó con dulzura. Definitivamente ese beso era mejor cierre de trato que mi apretón de manos. 
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HOLA AMOOORES!!! BUENO BUENO BUENO. No hace mucho que subí un capítulo de Love Your Smile por última vez.

Tuve los exámes y ya me han dado las notas, una baSURA. mE HAN QUEDADO 4 :((((( PERO LAS VOY A RECUPERAR. 
No tengo gran cosa que decir sobre este capítulo, simplemente me encanta porque ha tenido de todo. ¿Cual es vuestra parte favorita? Y no tengo jajajajajaj.

Bueno como siempre os pido que me digáis que os ha parecido por aqui, por Twitter... LA HE PASADO A WATTPAD!!! Y TAMBIEN HE VUELTO A SUBIR ''MEJOR VIDA'' a peticion de @Directioner1DDJ espero que estés contenta Anyi. Os dejo los links a todo y recordar que os amo!!

LoveYourSmile (Wattpad): http://www.wattpad.com/40494706-love-your-smile

''Mejor vida'' (Wattpad): http://www.wattpad.com/41310355-mejor-vida

Twitter: https://twitter.com/AlbaHudgens

Ask: http://ask.fm/AlbaGomez1D

domingo, 9 de febrero de 2014

Capítulo 28

—Capítulo dedicado a mi amiga Andrea, o como muchos la conoceréis, @horxnftirwin solo por ser quien es, y por dedicar su valioso tiempo a leerme y a comentar en cada capítulo. Gracias por no abandonarme. —

‘Creer. Saber. Dos palabras muy distintas. Dos palabras que pueden cambiar tu vida de un modo inimaginable. Pueden destruirte; o simplemente, pueden llevarte a la charnela de tu vida. Nunca sabes de verdad a cual de las dos te refieres, y tampoco sabes si de verdad conoces el significado de cada una. Pero, lo que si sabes, es que elijas la que elijas, si eres como yo y no sabes quien eres, caerás al suelo. Puede que entonces averigües que era en realidad, dímelo, yo aún sigo esperando a alguien’— Alba Gómez Carmona

Momentos de tu vida en los que te das cuenta de que lo que te rodea, simplemente no lo mereces. Estar en un precioso lugar, rodeada de gente que jamás hubieses pensado conocer —por el simple hecho de que no sabías de su existencia—, te acompañan y te invitan a comer. Planeas durante años una vida preciosa, con un príncipe azul, rodeada de murallas en tu propio castillo; pero luego te das cuenta  de que las murallas son las que rodean tu corazón. Que ese casillo de piedra pulida, es tu corazón, y que en la torre más alta de ese lugar, donde debería estar la preciosa princesa de larga melena ondulada y precioso vestido de color pálido, es simplemente una joven desaliñada por culpa del tiempo y de la falta de presencia en tu vida llamada Orgullo.

Suena irónico que ahora piense en todo esto teniendo en cuenta de que me encontraba en el lugar, junto a cuatro jóvenes con los que muchas querrían estar. Puede que después de esto muchas chicas empiecen a estudiar una carrera de audiovisuales, como le pasó a la princesa de mi país. Leticia. Una joven periodista convertida en la princesa de España. Después de eso, la carrera de periodismo fue muy solicitada. ¿Quién pude negar que eso no pase ahora con mi propia carrera? Una carrera que ni siquiera había finalizado. Puede que digáis ‘Alba, deja de hablarnos de estas tonterías y explica las cosas de verdad, no gastes nuestro tiempo’.

Quizás a vosotros os gustaría saber quien es el misterioso ‘Davon’, pero ¿si algo malo hubiese pasado en tu vida y no quisieses recordarlo? Si esa persona os hubiese roto, humillado, y casi matado, ¿os gustaría recordarle? La herida que creía casi cerrada, se había abierto, con el simple hecho de recordar su nombre y lo que me hizo. Aunque a veces pienso que la culpa no era suya. No intento quitarle culpa ni mucho menos, pero pienso que si de verdad me hubiese importado yo misma lo mismo que me importaba él, nada en mi vida hubiese pasado. Nada malo quiero decir, el resto me da igual. Lo bueno al lado de lo malo no tiene comparación, siempre acaba perdiendo lo bueno y lo bonito en mi vida.

Dicen que para que la mente se recupere de lo malo del pasado, hay que recordarlo hasta que no duela. Y, desde que salí de la clínica, no he vuelto a pensar en ella. Para que conste, salí de aquel lugar frío, blanco y esterilizado cuando tenía 17, casi 18 años. Podría decirse que hace 2 años más o menos. En fin, los demás están a lo suyo, supongo que tengo veinte minutos al menos para mi sola... Supongo que recordar veinte años de vida en media hora es fácil, ¿no?

Bien, ¿por dónde empezar? Supongo que diréis desde el principio, pero, ¿desde que principio? ¿Desde el principio desde mi desgracia o desde el principio de mi vida? Bueno, empezaré desde la cesárea.

Nací un 4 de julio de 1993, digamos que sobre las doce menos veinte de la noche. Os comento que una hora aproximadamente antes, mi madre me estaba deformando a cabeza. Ella no dilataba y yo ya quería separarme de ella. ¿Buen inicio de relación, no? En fin, supongo que crecí feliz. No recuerdo en realidad que eran mis padres; supongo que les podría considerar personas, aunque a veces ni eso. Si recuerdo que mi abuela —o yaya, como yo la llamaba— era ama de casa, dedicada por años a sus hijos y a su marido, mi abuelo. Mi ejemplo, mi modelo a seguir. El hombre que me enseñó a respetar, a quererme y a querer a los que me rodean. Le amaba con locura, por enseñarme, me enseñó técnicas básicas de primeros auxilio. Diréis, ‘¿Qué hace una niña de diez años sabiendo primeros auxilios?’, bueno pues no por nada en especial, pero él era médico y quería que yo lo fuese. Y yo quería.

No fui una niña muy querida por mis compañeros. Creo que fue por que durante llevé el pelo corto como un chico, no tan exagerado, un poco largo; creo que fue entonces cuando empecé a odiar a mis padres, solo un poco. Aunque también podía ser porque yo era algo borde. No lo sé. Cuando acabé cuarto de primaria en mi primer colegio, mi maravillosa madre —que buscaba una hija perfecta con grandes estudios— decidió cambiarme a un horrible colegio privado cerca de donde yo vivía. La gente que allí estudiaba no merecía la pena, todos pensaban ser superiores por el simple hecho de que sus padres, o madres, o su familia poseían empresas o cargos importantes en importantes lugares. Se creían con derecho a pisotearte, y lo hacían. En ese colegio supongo que sufrías las ‘míticas-novatadas-universitarias’, pero a menor escala.

Allí conocí lo que era una verdadera amistad. Conocí gente que de verdad merecía la pena; gente en distintos cursos al mío y gente, sorprendentemente, en mi propio curso. Desde entonces hasta dos años después todo fue más o menos bien. Llegamos a lo interesante de mi vida. Lo que rompió todo. No sé si pensaréis que es duro lo que viene de aquí en adelante así que para que caigáis sobre blando os cuento un chiste antes, para liberar tensiones más que nada.

‘¿Qué se pone Superman cuando sale de la ducha? Súper-fume’

Digáis lo que digáis tiene gracia. Bueno, ya estáis preparados.

El verano que transcurría entre primero de la ESO y segundo de la ESO mis padres, mis abuelos y yo decidimos hacer nuestro típico viaje en coche por el Norte de España. La única diferencia es que este año teníamos reservados los hoteles con antelación —a diferencia de otros años que íbamos a la aventura—. Nunca olvidaré esas vacaciones. Estuvieron bien. Visité lugares que ya conocía, pero eran preciosos de todos modos, e incluso, volvería a ir. El caso es que cuando ya después de diez días de vacaciones bajábamos desde Asturias hasta Madrid en coche, tuvimos un pequeño-gran percance con el coche.

Yo estaba leyendo, un buen libro por cierto, aun lo conservo conmigo. Solo oí el fuerte chirrido de las ruedas, giré la cabeza por la pequeña ventana tintada y fue lo peor que pude hacer. No os lo podéis imaginar, pero lo describiré los mejor que pueda para que os sintáis como si estuvieseis sentados a mi derecha en el automóvil.

Un golpe muy fuerte. Fortísimo. Ese coche chocó justamente en el lado por donde se rellena la gasolina de un coche, lugar donde yo estaba sentada. Mi lado izquierdo que estaba junto a una de las paredes del monovolumen de siete plazas se curvó hacia adentro y chocó con mi cuerpo. Ese jodido impacto fue tan fuerte levantó el coche de sus cuatro ruedas y lo posicionó tan solo sobre dos de ellas, las del lateral derecho. No sé si habréis estudiado alguna vez física, pero la gravedad actúa desde la distancia y actuó en mi contra. Un pequeño terraplén se encontraba al otro lado del coche. Tan solo unos metros de caída en cuesta, no muy pronunciada.

Todo a mi alrededor se movía, nada tenía sentido y en ese momento la teoría de Einstein se fue al traste por completo. Dolor y angustia. No parpadeé, solo vi todo moverse lentamente sin ningún orden. No os podéis imaginar lo que es sentir el dolor de los puntiagudos y duros cristales que se clavaban en mi cara, pero, sonará loco pero yo no sentía ese dolor. Sentía un dolor en mi interior de saber que lo que estaba ocurriendo era real. Veía la sangre, veía la tierra, veía la tristeza llegar, veía la esperanza marcharse. Podía oler el miedo en el ambiente. Podía oler la sangre. Todo esto en tan solo unas milésimas de segundo. Todo continuaba. Era una enorme lavadora llena de esta horrible mierda. Es cierto, siempre lo compararé con una lavadora en modo centrifugado. Hasta el chirriante sonido era igual, era como arañar una pizarra con las uñas o arrastrar una silla por el suelo. Era todo muy doloroso.

¿No sentís esa presión en el pecho? ¿No la habéis sentido nunca de verdad? Yo deje de sentirla cuando una dura caja con herramientas de mecánico dentro de ella que mi padre siempre llevaba en el coche chocó contra mi sien. Me dormí. Cerré los ojos durante unos instantes, creo que fueron unos minutos. Los minutos más largos de mi vida. Solo oía a mi abuela preguntar si estábamos todos bien. Oí a todos responder pero, algo me impedía contestar. Yo quería pero no podía y, entonces la angustia volvió a mí con más fuerza. Empezaron a gritar mi nombre; mi padre, desde el asiento del conductor; mi abuela, desde el lugar que ocupa el copiloto; mi madre y mi abuelo susurraron con urgencia en su voz mi nombre desde los asientos que se encontraban tras los de mi padre y mi abuela. Y yo, desde unos asientos que salían del maletero, vivía la escena en un tercer plano.

Voces de gente gritaban por nosotros, y mi madre pedía a gritos ‘¡Qué saquen a la niña por Dios!’. Una lágrima se arrojó contra mi mejilla al darme cuenta del hecho de que no podía tranquilizar a nadie con unas palabras como siempre solía hacer cuando las cosas se ponían difíciles. Me arrastraron unas fuertes manos fuera del coche mientras una lágrima más de pura impotencia caía de mi ojo y se arrojaba al suelo en un cutre intento de alejarse de mí cuanto antes. Esas lágrimas fueron las más inteligentes de todas.

Cierto es que recuerdo más de todo aquello. Mucho más pero, me gustaría pasar ya a lo que me destruyó por completo. Cuando abrí mis ojos y miré al techo estaba en un lugar que se movía mucho. Una ambulancia. Paramédicos me rodeaban y vi a mi madre en uno de los sofás. La miré buscando una sonrisa esperanzadora, pero ella me apartó la mirada bruscamente. ¿Qué hacer entonces? ¿Llorar? ¿Desaparecer? ¿O simplemente dormir por siempre? Cerré mis ojos.

Los abrí de nuevo. Estaba en una habitación blanca, esterilizada y solo buscaba salir de allí cuanto antes. Pero, ¿quién me iba a decir a mí que un lugar como ese iba a ser mi hogar durante mucho tiempo? Nadie. Porque aprendí que nadie sabe nada. Me di cuenta de que por mucho que los padres digan que la experiencia que la vida les había dado era mucho mayor que la mía, no sabían nada.

Un fuerte pitido me hizo girar la cabeza sobre el frío colchón sin almohada en el que estaba. Vi a mi abuelo con los ojos cerrados y al instante caí en la cuenta de que el sonido procedía del aparato al que estaba conectado mi abuelo, mi apoyo. Unos médicos y enfermeras hicieron acto de presencia en la habitación 101 del hospital. Cerraron la cortina y yo solo pude gritar su nombre.

Tres días pasaron desde entonces y lo único que hice fue llorar en frente de un enorme agujero en el suelo con una losa de mármol blanco pulido a la cabeza de este que coreaba en pulcra letra el nombre que tan solo tres días atrás yo había utilizado en un momento de debilidad. Adiós abuelo.

Depresión. Odio. Tristeza. Sangre. Tabaco. Cuchillas. Lágrimas. Soledad. Alcohol. Asco.

Las diez palabras que describen mi vida desde la desaparición de mi abuelo hasta un año después más o menos. Nunca olvidaré ese 15 de agosto de 2007 a las 13:31 del mediodía. Nunca. Me daba asco a mi misma. Cursé segundo de la ESO sola, no quería a nadie cerca de mi. Sufría ansiedad y fumaba y bebía para ahogar mis penas. Comencé a cortarme para oprimir el dolor de dentro de mi, pero llegó un momento en que me di cuenta que el dolor que la cuchilla de un sacapuntas hacia en mi piel ya no era igual, ya no dolía como antes. Ya no era suficiente para mí.

Mis padres decidieron ignorarme. Sinceramente, yo también me ignoraba a mi misma; así mi relación conmigo misma era más fácil… o eso creía yo. La cosa es que me dediqué a no aparecer por las clases, si, tenía unos 14 años pero ya supongo que me valía por mi misma o solamente no me importaba lo que me pasase. Conocí en una de mis salidas a un grupo de chicos, uno o dos años mayores que yo. Nada del otro mundo, ellos también decidían alejarse de las clases y de sus familias. Allí estaba él, mi primer amor supongo.

Nunca antes me había enamorado. ¿Qué más se puede decir? Era una ‘niña’ —como mis padres decían— muy joven, yo no sabía de relaciones de ningún tipo. Ellos, el grupo en general no eran malos, lo normal: pellas, peleas con la familia, pequeñas demandas y cargos policiales por destrozar mobiliario urbano,… ¡Cargos por el mobiliario urbano! ¡Se refieren en serio a ese jodido mobiliario que pagamos todos los españoles con nuestros impuestos! Bien, ahora sé que está mal, pero en aquella época solo veía cosas a mí alrededor que estaban siendo pagadas por mi familia, una familia con la que evitaba relacionarme y una familia que evitaba relacionarse conmigo.

Davon era un pringado en pocas palabras. No era ni el jefe de nada, evitaba meterse en líos. Yo me preguntaba que hacía allí, hasta que descubría que en realidad era tan callado porque era el que llevaba el tema de la calle: las drogas. Puede que mi barrio no fuese un lugar en el que eso abundase, pero el centro de Madrid si lo era. Droga dura. De la que te puede matar si cometes un simple error. Recuerdo a la perfección que él no tomaba. Le pregunté el motivo y él solo dijo: ‘Me resulta más divertido ver como la gente se mata a si mismo que matarme yo con ellos por solamente un par de horas de alucinaciones’.

Sádico, cruel, loco, callado. Malo. Pensaréis que debí alejarme, pero en aquel tiempo yo no era una persona que decidiese que era exactamente lo mejor para mi misma; yo solo buscaba desafiar la ley, el orden publico, las normas, a mis padres, a la policía,… a todos. No llegué nunca a pensar de verdad en sus palabras, las que me dijo cuando conocí sobre él y las drogas. Supongo que le gusté, decía estar enamorado de mí. Quererme. Tantos años buscando ese amo que nunca llegaba, ese amor que había perdido. Le seguí como tonta. ¿Qué podía hacer? Ahora sé que muchas cosas, pero en aquel entonces,… nada.

Me regalaba droga. Toda la que quería. Estaba bien el momento de subidón que recibí. Él nunca acompañó mi momento de locura, él seguía con su norma de oro. No recuerdo con certeza que ocurrió desde que empecé a tomar hasta que entré a vivir a mi nuevo hogar. Tengo vagos recuerdos de él y yo haciéndolo, si. Sé que perdí mi virginidad con él. También sé que no fue ni en el lugar, ni en el momento ni con la persona que yo hubiese querido estar —ni yo, ni ninguna persona—. Las personas cometen errores, y yo cometí los más gordos de todos. También tengo muy claro que no solo fue con él, sino con los demás del ‘grupillo’. Varias manos, varias veces, varios lugares, varias personas.

Era su ‘chica’ y yo le amaba. ¡Le amaba por el amor de Dios! Y él solo me quería para hacer los intercambios de dinero. Para ganar dinero en general. Y con eso me refiero a la droga, a la prostitución, a… suficiente información, lo sé. En fin, en un acto de amor paterno filiar, mis padres decidieron que para no dar mala imagen a la gente que los rodeaba, me metieron a un centro especial para gente como yo. Según ellos, esa gente tenía mis ismos problemas. Yo decidí que lo que ellos buscaban era desentenderse de mi persona el tiempo justo y suficiente, metiéndome en un lugar —que no me gustaba— para hacer de mí la hija que siempre quisieron que fuese y nunca fui, ni soy, ni pretendo ser.

Blanco. Limpio. Silencioso. Esterilizado. Cerrado. Inexpresivo. Incomunicado. Solitario. Lagrimas. Natalia.

Esas son las otras diez palabras que siguieron a mis siguientes años. Desde el primero de febrero del año que debería cursar tercero de la ESO hasta junio de hace un par de años —el año en que la gente de mi edad acababa segundo de bachillerato y hacía selectividad—.

Los primeros dos meses de encierro estuve aislada en mi cuarto con ansiedad. Ansiedad por no poder funar, ni beber, ni drogarme, ni cortarme. Paredes blancas me rodeaban hora tras hora. Llegué a pensar que todo era blanco porque era un color demasiado puro para la gente como yo que vivía en las sombras de la vida. Casi no comía porque prefería morir de hambre a simplemente seguí viviendo. Mis padres no me visitaban, pensé que de verdad no les importaba; Lugo me enteré de que no lo hacían porque me tenían prohibidas las visitas. Tampoco es que quisiera verlos, pero al menos podrían haberse esforzado un poco por mí.

A mediados de abril del primer año de hospitalización decidí salir. Los médicos me dejaban usar el ordenador una hora al día con supervisión. Pensaban que así, no perderíamos el contacto con el exterior. Algunos de mis compañeros usaban esa hora para el ‘Skype’, hablaban con sus familias a diario. ¿Yo? Usaba mi hora para aburrirme por Internet. Así conocí a Natalia. No os voy a comentar todo el proceso para conseguir un teléfono con saldo —saldo que era rellenado religiosamente todos los meses—. La conocí de verdad, bueno, por el problema en el que me encontraba, no lo hice en persona hasta tiempo después, creo que fueron 2 años. Fue mi primera visita autorizada. La única persona que decidió ir a visitarme a la cárcel de los locos como yo la llamaba.

Es gracioso decirlo, pero allí dentro me daban clases como se dan en un colegio normal. Su objetivo era que en cuanto estuviésemos rehabilitados, saliésemos a la calle y pudiéramos encontrar un lugar en la sociedad. Yo a decir verdad, siempre quise estudiar medicina por mi abuelo. Me lo propuse, pero mi idea solo duro un par de meses, lo justo para que mi nota bajase y no pudiese optar a esa carrera. No sabía que carrera escoger en realidad.

A decir verdad, a tan solo medio año de salir de ese lugar, yo ni siquiera sabia cuanto llevaba o cuanto me quedaba. Saldría cuando viesen que de verdad estaba rehabilitada y que todos mis pensamientos anteriores a la llegada al centro, habían desaparecido. A tan solo esos malditos seis meses de salir de ahí, decidí que debía olvida, seguir estudiando. Amaba la música. Lo cierto es que en el centro daba clase de música como una asignatura más. A ninguno les gustaba porque debíamos aprender a tocar algún instrumento. Los médicos nos decían que así conseguiríamos olvidar. Cambiar nuestros pasados Recuerdo a la perfección que Natalia, cuando le dije que estaba aprendiendo a tocar la guitarra, me regaló una preciosa púa blanca. Desde aquel día, siempre viene conmigo a todos partes. Allá donde yo voy, va ella.

Por fin salí de aquel lugar. Podéis pensar lo que queráis sobre mí, pero os puedo asegurar que no soy una mentirosa, y por ello no miento cuando os digo que mis padres no se presentaron a mi salida del centro. Cuando crucé las puertas solo estaban Natalia y Marco esperándome. En ese momento fui demasiado feliz. Más de lo que lo había sido en muchísimo tiempo.

Desde ahí hasta ahora solo han pasado dos jodidos años. Dos jodidos, y grandes años que he compartido junto a mi apoyo. Ambas entramos a la misma carrera en la universidad, en la misma universidad por supuesto. Y alquilamos un pequeño apartamento cerca de la facultad. No me arrepiento de lo que hice, bueno puede que de algunas cosas si. Pero esos enormes, catastróficos y estúpidos errores que cometí yo sola, me hicieron mostrarme quien de verdad estaba a mi lado cuando lo necesitaba.

   —Hey Alba, ¿estás bien? —dijo una voz mientras una mano se movía pasando frente mi cara con gesto tranquilo.

‘¿Estás bien?’ Una frase que tanto me han repetido a lo largo de mi vida. Una frase que indica que la gente se preocupa por ti. Una frase que solo la dicen las persona a las que de verdad les importas y que tan solo había escuchado decir a unas pocas personas en mucho tiempo. Una frase que siempre tenía una misma respuesta para mí.

   —Claro —dije girándome hacia el chico de cabello castaño, ojos azules y brillante sonrisa que tenía plasmada en su cara una mueca divertida.

   —Buff… menos mal que reaccionas, llevas media hora metida en tu mundo mirando al reloj de aquella pared embobada —dijo señalando a la pared que había frente a nosotros.

¡Media hora! Wow, al final resulta que si había calculado bien el tiempo después de todo.

   —Por favor Louis, lo que ocurre es que tengo la mente muy ajetreada y necesito organizarme para estos próximos días —dije con una sonrisa radiante en mis labios.

Después de tantos años, aprendes distintos trucos para disimular todo lo mejor posible y hacer la gente te crea. Ahora, lo único que me queda, es simplemente guardar toda mi vida en el cajón con cerradura de hierro que hay en mi mente y todo será perfecto. Lo he hecho otras veces, esta no es muy distinta.

Bajé la vista y vi una taza de café sobre la mesa al alcance de mis manos. Estaba frío, pero es bebible.

NARRADOR OMNISCIENTE

Dos jóvenes entregados al amor. Sus labios sobre los de ella, los de ella sobre los de él en un sincronizado baile.

   —Esto no está bien —dijeron ambos a la vez en el momento en el que se separaban el uno del otro en un gesto de asco contenido.

Pareció que una descarga de millares de voltios chocó contra sus cuerpos y  los empujo a ambos lejos del otro.

   —Sophia me matará —susurró él.

   —Marco no se debe enterar —dijo ella.

Y en ese momento, el aire les jugó una mala pasada llevando las palabras de uno a los oídos del otro. Palabras que dolieron. Palabras que rompieron sueños, sentimientos e ilusiones.

Se miraron fijamente como si nunca antes se hubiesen visto y en la mirada de ella y en la de él se leyó el odio, el asco, tristeza y la envidia. Sentimientos que no estaban dirigidos a la persona que tenían frente a ellos, sino a la que se suponía que ocupaba sus corazones…


Pero, ¿de verdad esos eran los nombres correctos en los corazones de ambos? ¿O eran solo los que ambos deseaban que fuesen para así quitarse de problemas con el mundo?
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¡Hola! cuánto tiempo hace que no sabíais de mi. Seguro que habéis sido muy felices. 

Esta vez no vengo a deciros nada en especial. Solo a rogar perdón por este mes sin escribir. Lo cierto es que he estado estudiando mucho todos los días porque la semana que viene empiezo los exámenes finales de la segunda evaluación... ¡POR CIERTO, RECUPERE FÍSICA Y QUÍMICA! Recuerdo que el fin de semana antes al examen me pasé 51 horas estudiando y solo dormí 5. pero, lo importante es que recuperé. No he hecho gran cosa en este mes. Muchos exámenes, eso sí. 

Creía que moriría entre apuntes. Os comento que este jueves es el último día para entregar el escrito del concurso de literatura de mi colegio, ¿creéis sinceramente que debería presentarme? Es decir, me encanta escribir, pero o sé si a la gente le gusta lo que escribo. ¡¡NECESITO VUESTRA OPINIÓN!! VOTAD AQUÍ A LA DERECHA SI DEBERÍA APUNTARME AL CONCURSO O DEBERÍA DEJARLO PASAR. AUNQUE ME LO DIGÁIS POR COMENTARIOS, VOTAR A LA DERECHA, GRACIAS.

La verdad,en escribir un capítulo en condiciones tardo como muchísimo dos horas, pero este me ha costado más porque es un poco más personal, y uno de los más 'fuerte y rebuscados' que vais a ver (de mi parte al menos). Me ha costado 6 HORAS escribirlo porque quería dar todos los detalles posibles y además, haceros sentir dentro de la historia en este momento en el que Alba, en primera persona os cuenta su vida a vosotros.

He escrito el capítulo así, como si os hablase para que lo sintáis de verdad. He hecho lo posible y tiene mucho sentimiento porque en cierto modo 'Alba' tiene un trozo de mi. Algunas cosa que le pasaron a ella, me han pasado a mi. ¡¡NO PENSÉIS QUE TODO!! Pero algunas cosas muy concretas si. Otras simplemente son de su vida. 

Decirme que os parece en: COMENTARIOS,



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OS ADORO. ¡¡NO OLVIDÉIS VOTAR!!