domingo, 4 de mayo de 2014

Capítulo 30

‘“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.” ¿Qué esperar al saber que el mundo que siempre soñaste nunca existió? ¿Y qué la imaginación una mala época te jugó? Aprendí a vivir sin miedo a enfrentar a mis sentimientos. Aprendí a no abandonar lo que me hace grande. Aprendí a callarme mis verdades, y así descubrí en el hoyo, profundo y depresivo e el que mi rutina me había hundido sin piedad alguna. Gracias, sueños, por ayudarme a cavar mi tumba de la imaginación…’ — Alba Gómez Carmona


Un día más, un concierto más había pasado. Masivo. Esa sería la palabra que definiría Méjico a la perfección. Gran escenario, grandes pantallas, un estadio enorme, y como no un publico asombroso. Los asistentes de video para el documental que estaban preparando habían acabado de grabar las últimas tomas de lo que sería ‘This Is Us’. Según me había contado un pajarillo, no sé si afirmar su lealtad, sería una película-documental-relato-fangirleo-masivo, vosotras ya me entendéis. ¡Espera! ¿Con quien mierdas estoy hablando? Bueno, que más da eso ahora, lo importante es que mientras que no tenga que volver a ese lugar de brillantes y limpias paredes blancas, todo está bien.

Llegamos a la sala de descanso-peluquería-vestuario y me tiré en el confortable sillón de cuero negro que allí había. Bueno, en uno de los 3 sillones como este de cuatro plazas que había repartidos por toda la estancia. Y, Natalia tomando ejemplo, se tiró de un modo similar en el mismo sillón que yo. Es u hecho que los hermanos pequeños copian a los hermanos mayores. El problema aquí es que solo era 3 meses mayor que ella y que no somos hermanas, tal vez pudiéramos serlo de sangre… compartimos el mismo grupo sanguíneo. Es decir, si nos fuésemos a la montaña y yo me hicieses una herida, ella moriría; es bastante obvio que me quedaría yo con su sangre. Vale, eso no pasaría, pero… ¡No, Alba para!

Bueno, os cuento un cotilleo muy jocoso que he visto, seguro que os interesará. Resulta que unas horas antes de que el concierto comenzase, vi a Natalia y al Liam tal que pegándose el lote tras unas cajas de cartón cuyo contenido desconozco, y el cual solo Dios y probablemente el resto del Team del Tour conoce. Yo no tengo muy claro lo que son o que hacen con sus vidas que aun no me han contado que tienen. Si alguien lo sabe, que me mande un WhatsApp, gracias.

Lux entró corriendo a las sala en la que Natalia y yo estábamos esa niña era… no hay palabras, por ella yo hablo delfínico casi todos los días. Tras de ella apareció el sujeto que tantas preguntas me debería de contestar y no ha hecho. Liam. Natalia con la agilidad de un lince y la sutileza de un caracol —nótese la ironía chorrear de cada una de las letras y de las palabras que salen de mis labios, bueno, de mi mente— se sentó correctamente en el sofá. Parecía una jodida millonaria de esas que parece que les han metido un palo por el culo, ya comprendéis mi punto.

Tras de él, aparecieron esos cuatro chicos que restaban por hacer acto de presencia. He de decir que pese a todo el cariño y todo lo que habían hecho por mi en este tiempo, me apetecía enormemente en este instante estamparles un jarrón en sus cabezas. Más que nada para que les quede claro que hay otros 3 sofás como el mío y que no tenían que tirarme del que estaba…

De un modo muy sutil las carcajadas se extendieron por la sala, e instantes después Liam y Natalia habían dejado de honrarnos con sus presencias. Realmente el suelo es cómodo, la moqueta no es tan asquerosa como siempre pensé. En serio, no me gustan porque son difíciles de limpiar y Dios sabe lo que esconde cada centímetro cuadrado y cúbico de ellas. Una parte de aquel hospital tenía moqueta. Incluso algunas habitaciones la tenían. Era horrible.

Me revolví con sutileza en el suelo y cerré mis ojos, era lo mejor que podía hacer, era tarde y estaba muy cansada como para arrastrarme hasta el sofá más cercano a cuatro metros. No soy vaga, es fatiga laboral.

***

  — ¡Alba! ¡Alba! —se oía de fondo una voz gritar mi nombre. Lo normal e estos casos, es abrir los ojos, girarse, desprenderte de la posición fetal que había adquirido mi cuerpo y mirar con odio a la persona que estaba tocando las narices. Pero como yo soy especial como una langosta decidí ignorar los gritos y seguir durmiendo.

Tocaron mi brazo. Bueno, más bien tiraron de el como si quisieran arrancarlo de su lugar. Abrí los ojos y me encontré con el señor Zayn mirándome preocupado. Me asusté la verdad, no es normal que alguien venga gritando a donde tu estas —que ya no era el suelo de moqueta, sino un sofá del autobús— y te mire con cara de limón pocho.

  — ¿Qué pasa? – dije mirándole. Al instante él me tendió el teléfono del que unos gritos salían.

    Pasa que yo no sé hablar español. Estábamos fuera, porque ya nos vamos a la carretera hacia la siguiente ciudad y el teléfono de Natalia empezó a sonar —dijo veloz mientras yo tomaba el teléfono en mis manos.
    Comprendo —se sentó a mis pies, aplastándolos. Supongo que esperando a que yo contestase; a lo mejor le gusta como es el acento del español.
Miré la pantalla, no salía numero, y el nombre que tenía no era muy normal ‘Pichiiión’ anunciaba la pantalla.

    ¿Si? —contesté— ¿Pichión?
    ¿Alba? —dijo la conocida voz de Marco— ¿Dónde está Natalia?
    No sé —contesté sincera— a mi me ha despertado Zayn y no sé ni quien me ha traído a dónde estoy —miro a Zayn interrogativa y le hago una seña queriendo decir ‘¿Quién me ha traído aquí?’.
    Fui yo —responde él de repente.
    ¿Quién ha dicho eso? —pregunta el pesado de Marco por el auricular del iPhone.
    Zayn —respondo simple a su pregunta— ¿Por qué?
    Curiosidad simplemente —alcé una ceja inconscientemente, sinceramente su tono no me ha inspirado la confianza necesaria. Ahora es Zayn quien me mira interrogante— solo quería hablar con ella para decirle, más bien para confirmar el día que iría para allá. Tengo unas ganas terribles de verla.
    Ajá. Si. Ya, ya le digo yo a ella que te llame, más que nada, allí será temprano por la mañana, pero aquí es de madrugado, ya sabes, cambios horarios —dije con la intención de quitármelo de en medio con rapidez— hablamos luego adiós.
    Adi-- —no le dio tiempo a decir una sola palabra más ya que corté la llamada enseguida.
    ¿Y que pasó al final? ¿Quién era? ¿Qué quería? —preguntó el chico de tatuajes por todas partes demasiado rápido para una persona que se acaba de despertar.
    Shhh —chisté— de una en una Usain Bolt. A ver, era Marco, aquel chico que vino a buscarnos a Natalia y a mi cuando estábamos en España. Quería hablar con Natalia para concretar cuando va a venir aquí a pasar unos días con ella. Esto entre tu y yo, en modo maruja, pero creo que son algo así como pareja o algo —él abrió sus ojos sorprendido por mi confesión, supongo que pensaría que Natalia estaba jugando con Liam o algo así— y por último, al final lo que ha ocurrido es que le he mandado a freír espárragos con la mayor sutileza posible.
    ¿freír espárragos? —preguntó dudoso de si me había comprendido bien. Pobrecillo.
    Si, es una expresión muy usada en España al menos, para mandar a la mierda a alguien sin decir exactamente esas palabras.
    Entiendo…
    Y, ¿sabes donde están Liam o Natalia? —pregunté a la vez que me ponía en pie, pensando en la posibilidad de que estuviesen en el mismo lugar que esta mañana.
    No, pero sería conveniente que fuesen apareciendo, en pocos minutos tenemos que irnos a la carretera —comentó mientras yo retiraba la manta que aún traía en mis hombros.
    ¿Hay que ir muy lejos? —pregunté. Él negó con la cabeza.
    Es ir hasta el hotel, mañana tenemos otro concierto en el mismo sitio —me contestó mostrando una pequeña fila de perlas, todas alineadas que sostenían su lengua.
    Gracias por traerme y taparme con la manta. ¡Ah! Y por no dejarme en esa horrible moqueta —el se rió ante mi comentario y movió su cabeza restándole importancia al asunto.

Salí del autocar, retrocediendo mentalmente sobre los pasos dados durante el día, para recordar donde mierdas estaban las cajas que todo el mundo sabía que contenían menos yo. Caminé por los pasillos, blancos, con una cenefa de madera a la mitad de cada muro y con tablas horizontales adornando bajo de esta. Tenían un rodapié bonito, nunca lo podría en mi casa per-- ¡Alba, focaliza!

Seguí mi camino y después de perderme en el laberinto de pasillos con un aceptable rodapié como unas cinco veces sin exagerar, encontré la salida al escenario. No sé si he comentado que las cajas estaban pocos metros antes de la salida número 2 posterior izquierda desde la pista del escenario. ¿Os ha quedado claro? Yo tampoco sabía ubicarla hasta que me enteré que el alimentador de luz para enchufar todo lo que usaríamos esta ahí. ¡Ah! Y la comida también está en esa zona.

Arrastré mis pies hasta mi objetivo. Una muralla marón ante mí. Que bonita era, le haría una foto y la subiría a Instagram, si no fuese porque estaban ahí los dos ‘Pichones’ haciéndose transfusiones de saliva el uno al otro. Los entiendo, a veces no tenemos suficiente saliva.

Yo tengo miedo escénico, y me quedo sin saliva.

  — Ejem, ejem —carraspeé con la mayor fuerza que encontré. Y no se separaban, ni se inmutaron. Parecían un chicle pegado al pelo— ‘Pichiones’ —grité.

Parece ser que Natalia reaccionó al oir el nombre que le tenia puesto a su rollete español, y se separó con la velocidad de la luz del pobre Liam; que, se quedó con una demasiado épica cara de pato. Digno de una fotografía para la posteridad…

    ¿Qué haces aquí? —dijo Natalia con un cierto tono de incomodidad en su voz.
    Hola Alba —dijo esta vez Liam con la cortesía que le caracterizaba.
    A ver cielo mío, relájate que tengo varias cosas que decir que nos concierne a los tres. —comenté con tranquilidad mientras miraba a los ojos castaños de mi amiga — Resulta que os traigo noticias.
    Habla rápido, no tenemos todo el día –dijo ella molesta. No se lo tomo en cuenta, porque si no, la mataría fría y dolorosamente.
    Primero de todo, el autocar nos espera para irnos al hotel —Liam miró su reloj del móvil, el cual aprecié por la poca distancia que nos separaba, que estaba en silencio. Normal— Segundo, ha llamado Marco, dice que viene y quería hablar contigo para saber cuando puede, espera que tu contestación sea pronto y su viaje más aun —le lancé el iPhone a sus manos y lo atrapó al vuelo mientras que su mandíbula inferior caía en picada. Si no fuese porque está unida al resto de su cuerpo, habría acabado en el núcleo terrestre.
    ¿Qué? ¿Y que hago yo? ¿Y porque te concierne? —dijo nerviosa, todo lo contrario de cómo yo me hallaba. Liam observaba la escena en segundo plano, como si de una película se tratase y él no tuviese nada que ver en ella, cuando era uno de los personajes principales de la trama.
    Lo que has oído. Podría llamarle. Y por último me concierne porque de algún modo habrá que distraer a Marco para que Don Pipiolo y tú tengáis unos minutos para hacer cosas de mayores —completé graciosa mi ultima palabra y la miré fijamente, mientras veía de soslayo como Liam volvía a introducirse en su papel de actor en esta tan intrincada trama.
    Sophia también viene.

Le miré fijamente. Así que él también ‘engañaba’ a Natalia como ella le ‘engañaba’ a él. Curiosa trama. Me acerqué a él y le agarré como los hombres se agarran entre ellos, con una mano atravesando la parte posterior de su cuello.

    Tu solo preséntamela, que del resto me encargo yo. Por Dios soy la diosa mágica de los engaños y vengo del futuro para dejaros la ropa más blanca, digo, vengo del futuro para entretener a vuestros respectivos parientes— dije sonriente.
    ¡Gracias! —dijeron sonrientes ahora ellos.


Torné mi gesto serio y dije: — Pero me pagáis.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Maratón 1/4 por tiempo de espera. Perdón. (Explicaciones al final de la maratón)

No hay comentarios:

Publicar un comentario