domingo, 4 de mayo de 2014

Capítulo 31

‘Palabras sueltas. Oídos sordos. Mentiras incontrolables. Desilusiones pasajeras. Cientos de personas traidoras. Y, con los dedos de nuestra mano podemos contar las verdaderas. La vida de un adolescente común se resume en sus pensamientos más profundos. Los adultos dicen que ellos pasaron por esto, que no nos tenemos que quejar, que no es para tanto. Ellos no entienden que antes de tiraban un palo, te herían; antes te insultaban o amenazaban una vez, y al día siguiente nada había pasado. Ahora han aprendido, y saben que con unas palabras bien dichas en un momento de flaqueza, te hunden en la miseria’— Alba Gómez Carmona


Día 9 de junio del 2013, o ¿debería decir 10 de junio? No tengo muy claro la hora que era con exactitud. Tampoco es que el día haya sido el ‘nova más’,  esa expresión me perseguirá hasta la muerte... Hacía una hora escasa que habíamos abandonado el escenario de Foro Sol, y ya estábamos tomando asiento en el autobús de la gira para dirigirnos al aeropuerto cercano en el que tomaríamos un vuelo para ir a Florida. En 4 días o en 3 —depende de cómo lo mires— daríamos allí de nuevo otro concierto, luego a Miami... y así.

Sobre el tema del cuadrilátero amoroso Sophia-Liam-Natalia-Marco, había novedades y para mi fortuna —nótese la ironía— todos los planes me incluían de un modo demasiado poco sutil, yo entraba en los planes de estos dos, y muy fuertemente.

*Flashback*

    ¿Marco? —habló Natalia, proyectando su voz por el altavoz del teléfono. Hacía escasos minutos que nos habíamos despertado esa mañana y su primer deber era comprobar que Marco estaba despierto para poder contactar con él.
    Si, estoy bien —dijo tras una pausa— no, solo que se me cayó el móvil del bolsillo mientras estaba sentada en un sofá, me fui y Zayn lo recuperó antes de que entrase en un ataque de nervios —en cierto modo, era verdad, la cosa es que le temblaba un poco la voz, esperemos que no la descubra.
    Que sí, que no te estoy mintiendo —mierda, mierda, mierda— Zayn es uno de los cantantes del Tour, es amigo de Alba y mío.
    ¿Qué te parece venir con nosotras cuando vayamos a Miami? —Dijo cruzando los dedos, rezando para que aceptase y así tener un par de días de más de libertad con Liam— a Miami llegaríamos el 14 de junio, ¿te parece bien?

Hasta yo rezaba en esos momentos para que aceptase y así Natalia estuviese despreocupada por unos días, aunque fuesen pocos, pero eran 3 días completamente libres sin conciertos, ni preparaciones, nada.

  — ¡Genial! —chilló mi amiga de la emoción de tener más tiempo sin él mientras mostraba sus pulgares hacia arriba en mi dirección— ¡nos vemos en unos días! Adiós —dijo poco antes de que la interrumpiese, ella puso mala cara— si, si. Yo también —susurró con desgana y finalizó la llamada.

*:——:*

De modo que en resumidas cuentas, tras la conversación con Marco, Natalia estuvo todo el día de morros hasta que le dio a Liam por llevársela lejos de mí. Gracias Liam, salvaste mi paciencia y mi buena aura mágica de unicornio. Supongo que mientras hicieron lo que hiciesen, Natalia le comentaría la conversión al señor, porque una hora después apareció para decirme que había convencido a Sophia para encontrarse con ella en Miami también. Ese día si que voy a trabajar como una estúpida…


***


Era temprano por la mañana, del día 10, y estaba tumbada en la cama que ocuparía Natalia, con los auriculares puestos y la música encendida —obviamente— cuando de repente se cortó y la señora ‘Marimba’ comenzó a hacer presencia. Alcancé el aparato y miré la pantalla, era un mensaje. ¿El destinatario? ‘Oculto’. Tragué saliva fuertemente, y en ese instante salió Natalia del baño mostrándome la pantalla de su móvil, la misma palabra salía escrita en la superficie.

Abrí el mensaje. No podía hacer más.

‘Querida Alba:
Vuelvo a ser cortés conmigo, no sé si te lo he dicho antes pero gracias por volver, las niñas esas no hacían bien su trabajo. Florida, un estado muy caluroso, ¿has traído ropa apropiada? Vas a tener que pasear mucho por la calles en compañía de las parejas de tus amigos. Me gustaría decirte bonitos lugares para que los entretuvieses, pero ambos sabemos que no irías. Ten cuidado con tu figura, estoy vigilando, y sabes que me encantaría arrancarte la piel a tiras. Saludos perra.’

‘Natalia:
No me gusta verte “retozar” por los pasillos de tu lugar de trabajo con un chico tan famoso como Liam. Es decir, recuerdas las chicas que ocuparon tu lugar de trabajo, ¿no? Bien, fueron despedidas por liarse con Harry y con Niall, no querrás ser tú también despedida por una cosa parecida. No temas, yo no diré nada, pero recuerda que millones de ojos no observan y yo tengo bien puestos los míos en ti. Pásalo bien con Liam, o ¿debería decir Marco?’

Si el miedo existe, debe estar escondido en un cuarto totalmente a oscuras hecho una bola en un rincón de su estancia después de esto. No soy asustadiza, he vivido demasiados retos en la vida como para ir llorando por las esquinas con cada tontería, pero esto era demasiado ya. Tengo miedo.

Inspiramos profundo y, guardé el mensaje en la carpeta de recibidos de mi teléfono, le hice hasta una captura de pantalla por si se perdía.

    Esto no está pasando —susurró Natalia.
    Ojala que así fuese, pero yo ya no sé que hacer —podríamos ir a la policía, pero ya nos lo dijo, si vamos moriremos, si se lo decimos a los jefes, moriremos. La persona que nos está haciendo esto está en el Take Me Home Tour, y es alguien importante.
    Está entre nosotros, no debemos fiarnos de nadie.
    Lo sé, estaba pensando lo mismo yo en este instante.

Cogimos los teléfonos, el monedero y lo metimos todo en el bolso. Decidimos de un modo muy mental, casi telepático, ir de compras por la ciudad. Si, pensaréis: ‘pero como os vais a exponer a salir con el loco maniaco ese suelto. Estáis locas’ y nuestra respuesta sería muy simple. No podemos quedarnos en la habitación toda la vida, en cualquier lado nos expondríamos a él, o ella. Hagamos lo que hagamos nos tiene vigiladas, así que mejor disfrutar siendo unas ignorantes, que estar esclavizadas pensando en todo.

Las calles estaban llenas de gente por lo que se veía desde la ventana de la habitación. Bajamos al hall de entrada, y estaban varios agentes de seguridad custodiando la entrada principal del recinto. Decenas de jóvenes se agolpaban en los ventanales que rozaban el suelo, y en las puertas giratorias. Pedimos salir, y entre empujones de unas y de otras, gritos por todos lados esperando la presencia de alguno de los cinco chicos que les tenían robado el corazón, tocamos asfalto despejado. Los vehículos avanzaban como podían.

Según una chica de recepción, algunas tiendas de ropa se encontraban cerca de una avenida muy espaciosa a unos cinco minutos del hotel, en dirección Este. De modo que emprendimos camino, como dos Indiana Jones en busca de lo desconocido. Llegamos tras, diez minutos a la avenida espaciosa que nos habían dicho. Más que nada, es que nos perdimos, el sentido de la orientación se halla en nosotras en el culo, básicamente.

Eso si, que ropa mas bonita, joder. Le veo futuro a está tienda. Faldas, faldas-diadema, pantalones, pantalones cortos, pantalones-cortos-diadema. He de decir que si veías una prenda, ibas a encontrar otra igual pero mucho más pequeña, no en talla, sino en estilo. Si me pongo algunas de las camisetas que hay ahí, se me salen las pechugas.

Si me preguntáis como me encuentro, os podría decir mil cosas de mi estado de ánimo, y ninguna buena la verdad. No tenía un buen presentimiento del futuro cercano. No por el mensaje de ese bastardo o bastarda, sino por otra cosa. No sé lo que es pero va a complicar las cosas a unos nivelas impresionantes. Enormes. Y, yo no me suelo equivocar con este tipo de sensaciones.

Tras cerca de una hora paseando por las distintas tiendas que esa calle nos ofrecía, decidimos volver al hotel, a comer obviamente. Yo sin comer no soy persona. Esta vez, al regreso tardamos los cinco minutos indicados por la chica aquella de reopción, somos tontas la primera vez, la segunda lo seguimos siendo, pero lo disimulamos genial. Cerca de las puertas giratorias que daban al interior del hotel, un guardia de seguridad que no habíamos visto en nuestra vida, nos paró de golpe.

    No podéis pasar señoritas, necesitáis mostrarme la llave de la habitación —dijo el segurata, con cara de pocos amigos y con un auricular de goma espuma naranja para proteger de los ruidos fuertes colgando del lado izquierdo de su cabeza. Rebusqué en mi bolso, sin éxito al igual que hizo Natalia obteniendo el mismo resultado.
    No la encontramos, pero le prometemos que nos hospedamos aquí con One Direction —él guardia se carcajeó en nuestra cara, a la vez que las chicas más cercanas a nosotras gritaban por la mención de sus ídolos.
    Si, y yo soy el marido de Catherine Zeta Jones —dijo como pudo entre risas.
    Pero es totalmente cierto —dijimos Natalia y yo a la vez. En esos momentos era cuando estas niñas tan monas podrían comentarle al guardia de seguridad que es cierto, pero no lo hacen…— Llama a alguien Alba —me dijo Natalia mientras que el detestable señor alzaba una ceja.

Saqué el teléfono del bolso tras buscarlo por unos segundos, ya que el maldito se había escondido en lo más profundo del bolsillo interno. Cuando lo tuve en mi mano, comenzó a sonar escandalosamente. Bendito ‘Marimba’ menos mal que te haces oir. Miré la pantalla ‘Harry Styles’ decía en ella. Se lo mostré a Natalia mientras que ella sonreía triunfal al saber que estábamos salvadas.

    ¿Harry? —grité entre todas las voces que se alzaban sobre la mía, pero al mencionar el tan conocido nombre, todas cesaron y pararon sus gritos para instantes después gritar eufóricas de nuevo.
    Alba, donde mierdas estáis, llevo buscándoos a Natalia y a ti por 15 minutos —su voz grave se oyó por el auricular para las que más cerca de nosotras estaban, las cuales callaron y chistaron a las demás pidiendo silencio.
    Genial que nos hayas estado buscando, porque necesitamos que vengas a la entrada principal, no nos dejan pasar. El guardia no nos deja porque olvidamos las tarjetas —comenté como si conmigo no fuese la cosa. Suspiró frustrado.
    Este bien —dijo alargando cada vocal— pero, me debéis una porque va a ser mi muerte salir ahí.
    Si si —dijimos Natalia y yo, que había estado escuchando la conversación, al igual que otras cinco chicas.

Las miré a las cinco, me miraban con casi a punto de llorar. Tendrían unos 16 o 17 años como mucho.

    ¿Qué ocurre? —preguntó Natalia que parecía haber visto en ellas lo mismo que yo.
    Que… que va a… a salir Ha… Harry —respondió tartamudeando una rubia de pelo liso.
    Awww… —pensé en darlas una alegría ya que ellas estaban controladas.

Encaré a mi amiga y hablé con ella en español.

  — Podríamos pedirle a Harry que las dejase pasar a ellas cinco, son pocas y muy majas y controladas —Natalia asintió con una sonrisa. Harry estaba tardando mucho en llegar…

Volví a encarar a las cinco chicas que seguían en silencio a diferencia de las otros cincuenta restantes —por aproximación—.

    ¿Vais al concierto que hay el día 13 aquí en Sunrise? —les pregunté para hacer tiempo. Ellas negaron con su cabeza. Las cinco lo hicieron.
    Eran caras, y cuando logramos el dinero ya no habían, así que venimos aquí para al menos estar cerca de ellos —dijo con una triste sonrisa una morena bajita.
    Si prometéis manteneros en silencio cuando salga Harry, seréis recompensadas, ¿nos lo prometéis? —contestó Natalia con una sonrisa. Ellas asintieron y respiraron hondo para prepararse.

Vi una camisa de cuadros aparecer por el Hall. Apartó a un par de guardias de seguridad y giró las puertas rotatorias. Miré a las chicas y les guiñé un ojo. Ellas volvieron a respirar hondo. Harry tocó el hombro del guardia y este se giró sorprendido al verle. Una oleada de gritos procedentes de mi espalda iniciaron.

    ¿Se puede saber que hace? —se dirigió Harry al guardia— No se da cuenta de que las señoritas se hospedan aquí. Son nuestras maravillosas encargadas de sonido y video. Y amigas por supuesto —nos miró y lanzó la típica sonrisa que lanza a todas y se derriten.
    Perdone señor Styles, son las normas de seguridad que han adoptado los señores George y Jeff —dijo mientras nos miraba con odio— no volverá a ocurrir. Pasen señoritas.

Dijo mientras se apartaba de la entrada. Miré a las cinco chicas, que como prometieron, estaban tranquilas exteriormente pero eufóricas por dentro. Seguimos a Harry hasta antes de llegar a las puertas giratorias.

    Harry —llamé. Él me miró fijamente— ¿Qué pasaría si cinco chicas muy tranquilas se entrasen con nosotras porque no tienen entrada y llevan desde la madrugada esperando a que salgáis?
    Emmm… —dudó— ¿Es una pregunta trampa?
    ¡No! —dijo esta vez Natalia— nos han dado mucha penita, nos han contado lo que les pasó y porque no pueden ir. ¿Pueden venir? ¡Porfa! —dijo como una niña pequeña.
    Esta bien —dijo sonriendo mirando a todas las chicas y chicos que allí había— por mi no hay problema.

Chillé como una rata. Le lancé a Harry casi a la cara las bolsas de las compras y me giré sobre mis talones. Llegué hasta las cinco jóvenes y agarré sus manos mientras tiraba de ellas.

    Vamos —dije casi a gritos— vais a conocer a vuestros ídolos por cortesía de Alba y Natalia.


El gesto y mirada de esas chicas me mataron casi. Cerca de morirme de ternura estuve.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------Maratón 2/4 esta noche siguiente capítulo. Mañana el último.

No hay comentarios:

Publicar un comentario