lunes, 5 de mayo de 2014

Capítulo 32

‘Se quejan de que no tienen lo que quieren. Cuando lo tienen lo ignoran por completo. Cuando lo pierden echan la culpa al otro y lamentan exteriorizando sus sentimientos, a los cuatro vientos. Yo crecí, pese a ser hija única, sin caprichos. He recibido ofensas de que no sé lo que es compartir, de que mis padres siempre me han querido solo a mí, de que lo he tenido todo. La verdad he sido criada como mis padres fueron criados. Mi madre tiene 3 hermanos más, mi padre otros 6; he sido criada como una más entre 10 hermanos. Me jode que no sepan a que me he enfrentado en mi vida, y que me juzguen cuando solo conocen el grano de una montaña de arena. Controlaos’— Alba Gómez Carmona


    ¿Cómo te llamas? —le pregunté a la chica rubita con la que primero había hablado, y a la que estaba sujetando la mano— tranquila. Respira hondo que ya casi entramos.
    Miryam —respondió con la mirada puesta en Harry— no puedo respirar. Me va a dar algo, seguro.

Sus cuatro amigas desfilaban detrás de ella a través de las puertas rotatorias. Fuera, las chicas que estaban acompañando a estas cinco chicas, gritaron más fuerte. Algunas insultaron, otras se alegraron por ellas y a otras simplemente casi les da un colapso al tener a Harry a tan solo cinco metros de distancia. No sé como se debía sentir eso, no tuve la infancia suficiente como para lograr tener unos ídolos, ni un ejemplo a seguir. Soy mi propio ejemplo a seguir, supongo.

Miryam apretaba fuertemente mi mano, mientras que sus amigas se colocaban en una especie de corro muy pequeño en el que cuchicheaban algo sin sentido. Estaban todas temblando, se les notaba a la legua. Esto pasaba solo con Harry, pero ¿y cuando tuviesen a los otros cuatro chicos delante que conformaban la banda?

Anduvimos por unos metros más, y en el mostrador de recepción vi a la chica que nos había indicado como salir de aquella marea de gente para llegar a las tiendas de ropas, una muy buena mujer y con un gran sentido de la orientación. Miryam apretaba aún más mi mano —si eso era posible—, y murmuraba cosas incoherentes. Sé inglés hasta cierto punto, ami los trabalenguas en murmuros y con acento raro, no se me daban muy bien la verdad.

Miré al pobre de Harry, que aún llevaba mis bolsas en la mano, y que miraba de vez en cuando a su espalda para comprobar si nos habíamos perdido, o para ver como Miryam y sus amigas desorbitaban los ojos por su presencia; son dos opciones y ambas muy aceptables, no lo neguéis. Atravesamos un par de puertas dobles, muy grandes por cierto, y aparecimos en un salón mega ultra espacioso con altos techos y con varias sillas alrededor de una gran mesa. Cerca de la mesa había distintos tipos de sofás en los que Zayn, Louis, Liam y Niall descansaban y hablaban con los chicos de 5 Seconds Of Summer —también muy majos todos—.

    ¡Cachorritos míos! —dije en voz alta provocando que los nueve componentes de los distintos grupos, mi amiga y las cinco directioners que nos acompañaban, girasen la cabeza sorprendidos a mirarme— traigo visita, así que comportaos.
    ¡Oh! —exclamaron Louis y Niall mientras se ponían de pie mirando felices a las cinco muchachas; a la vez que Zayn comentaba—: ¿Cómo es que están aquí?
    Bueno —comenzó Natalia— resulta que en nuestro intento de pasar por las jodidas e imponentes puertas giratorias del demonio. ¿Se nota que no me gustan? Bueno, pues estas cinco muchachas contuvieron el aliento al oírnos hablar con el sujeto este —señaló a Harry— por teléfono. Y acabamos descubriendo que no podrán ir al concierto y que llevan desde la madrugada esperando para veros. ¿Claro?
    ¡Genial! —hablaron Liam y Harry a la vez.
    Harry, tu ya lo sabías —le dije mientras sentía la mano de Miryam sudar.
    ¡Jo! Para algo por lo que me emociono, me has cortado el rollo Alba —refunfuñó, fingidamente, mientras me encaraba.
    ¡Oh por el amor de Jesús Cristo! —bramé— no seas crío Harry.

Él me miró sonriente y se acercó a las cinco chicas junto al resto de los chicos.

    Presentaos chicas, tranquilas, no muerden. Aunque lo cierto es que aún no han comido… —dije esperando unas risas por su parte, lo que hicieron.
    Miryam.
    Rebecca.
    Clara.
    Anne.
    Sarah.
    ¡Te llamas como mi madre! —chilló Harry señalando a la morena de pelo lacio. Provocando, como no, que ella adquiriese un color entre tomate y lata de Coca-Cola.

Dejamos a las cinco jóvenes, llorando dos de ellas, aunque creo que ya venían llorando desde antes de atravesar las puertas rotatorias.


***


Estaba tumbada en mi cama, muy cómoda por cierto, cuando la música se paró. Miré que mierdas le pasaba y vi que había recibido un mensaje de mi amiga.

‘Alba: me he ido con Liam. Volveré… ¿luego? No sé, ya te llamo. Te quiero’

Pues me he quedado muy sola, sin nadie que me de conversación y me siga el rollo a temas estúpidos. ¿He comentado ya que me he quedado sola? Pues muy genial todo, si. Bueno, como me aburro porque después del mensaje este preparado por Satanás no me apetece escuchar más música, creemos una paranoia mental.

¿Qué pasaría si yo fuese rica? Pensemos. Primero de todo, no cogería los autobuses que cojo para ir a la maldita universidad. Que no es que no me guste la universidad o lo que estoy estudiando, sino que hay mucha gentuza, mala gente y eso como que echa para atrás a todo aquel que intenta estudiar. Segundo, viviría como una maldita reina egipcia, o emperatriz, o sultana, lo que hubiese en Egipto vamos. No movería un dedo y me lo darían todo hecho. Y claro, la gente que trabajase para mi —porque habría muchísima— me hablarían de usted, o me llamarían ‘señorita’ o ‘señora’. Aunque, pensándolo bien para que me llamen señora tengo que estar casada, y yo aún sigo libre como un colibrí sin un pipiolo a mi lado. Veo muy negro mi futuro de rica.

    Alba, abre —aporrearon la puerta. Me levanté en silencio, con el móvil en la mano por si tenía que pegar a alguien. Parece que no, pero este móvil hace pupa— Alba. Alba. Alba
    Joder, ¿Qué coño quieres? —dije al sujeto-pipiolo más conocido como Harry.
    Pues que voy a querer gilipollas, hablar —respondió con su súper ego por las nubes.
    Pues no me viene bien ahora, ¿no tienes amigos por ahí? Son ocho, bueno siete; alguno te tiene que hacer caso —respondí intentando cerrar la puerta.
    Son cientos de ellos —alcé mi ceja, queriendo que entendiese— ¿Centenares? —elevé más la ceja— ¿Algunas decenas?
    ¿Decenas en plural? Amigos de verdad, disponibles para ti, ¿en plural en serio?
    Bueno, de verdad once, disponibles uno y una niña.
    Pues corre, que te está esperando la niña y el amigo, yo estaba con mi música.
    ¿música? —preguntó obvio, a lo que yo obvia contesté.
    Si, música.
    Genial, ¿Qué música tienes? —dijo mientras apoyaba cómodamente su trasero en mi cama. Mi cama.
    Oye, ¿tú de que vas? —le dije mientras cerraba.
    Pues —miró su ropa con detenimiento y alzó la vista al techo— llevo una camiseta que tiene más años que yo, creo que de Springfield, la camisa no tengo ni idea, la he roto, los pantalones de Jack & Jones y las botas, pues no lo sé, pero se caen a trozos.
    Que crío eres —dije mientras él alzaba una ceja ante mis palabras.
    ¿Crío? —asentí orgullosa de haber prestado atención aquel día en las clases de inglés del hospital ese— ya van dos veces en un día, te vas superando.
    Fuera de mi cuarto, vete con tus amigos o con la niña —abrí la puerta de mi habitación.
    Liam se ha ido con Natalia, quedan 9; Zayn y Louis están haciendo Skype con Perrie y con Eleanor, me quedan 7; Niall no sé donde está, me quedan 6; Lou tampoco sé donde está; 5 Seconds Of Summer tampoco, me queda uno, y una niña. Tú y Lux.
    Pues anda majo, vete a jugar con Lux que estoy muy ocupada —comenté invitándole con sutileza a salir de mi habitación.
    El problema —sonrió mientras se me acercaba peligrosamente— es que con Lux nunca podría hacer esto.

La duda de sus palabras me duró hasta que así de la nada tomó mi cuello con sus labios. Me empujó contra la puerta, para cerrarla, no penséis. Me diréis ‘disfruta coño que es Harry Estilos’ y yo te diré ‘me gustaría, pero es que estoy en shock’. Pegué un pequeño chillido de rata, Joder me había mordido, que deja marca, subnormal.

Volví a activar mis cinco sentidos además de mi mente, y recordé que una escena como esta ya habíamos sufrido antes, hace unas 3 semanas. Agarré su pelo y tiré de su cabeza hacia arriba.

    ¿Me has mordido y has dejado marca? —dije yo.
    Es una venganza, por llamarme crío dos veces en menos de seis horas.

Comprendo a que jugamos. Pues ya le demostré una vez que yo también se jugar así que, juguemos. Tiré de él hacia mí y mordí su labio inferior, provocando un gemido por su parte. Este chico está más salido que el pico de una mesa, joder. Bajó sus manos a mis caderas y de ahí las arrastró hasta mi culo. Mi culo no se toca, parece que no lo había dicho nunca.

Besó mis labios ferozmente, parecía que me iba a comer, y yo para no ser menos le seguí el beso del mismo modo. Una batalla se produjo entre nosotros, una guerra civil, mejor dicho mundial dado que pertenecíamos a mundos distintos. El beso, el morreo, lo que fuese, bajó su velocidad, aminoró muy fuertemente y se tornó a uno dulce, sus manos abandonaron mi culo, dejando una huella de calor muy grande, y se posicionaron entrelazadas en mi cintura.

Fue en ese momento cuando supuse que el sentido del juego que en un inicio habíamos adoptado, se había ido esfumando conforme la guerra se relajaba y los soldados tomaban las trincheras enemigas, sin bajas, de un modo pacífico.

Empujó mi cuerpo con el suyo, llevándome de espaldas sin ni siquiera separar nuestros labios. Abrí un poco mi boca y tomé más aire, la parte posterior de mis rodillas tocaron el borde de la cama, y caí con él encima, casi dejándome sin aire. Sonrió, con una sonrisa que llegó a sus ojos verde esmeralda. Apartó la vista de mí y continuó dejando un reguero de besos húmedos. Sensibles, dulces, sin prisas.

Levanté su cabeza y tomé yo ahora el control, no me iba a quedar debajo de por vida. Me senté en sus caderas e hice lo mismo que él había hecho. Puso sus manos en mis piernas y las subió lentamente, tirando ‘sin querer’ de mi camiseta hacia arriba.

    No —dije tirando de ella hacia abajo, pero sin separar nuestros labios. El río sobre los míos y abrió los ojos.
    No ahora, pero ya ve-- —y así finalizó la conversación, ya que, para evitar que siguiese con sus estúpidas suposiciones le besé de golpe introduciendo mi lengua sin permiso en su boca. Algo que para ser sinceros, él no se negó.

Seguía moviendo la lengua por su boca, cuando él la mordió. Grité, ¡para no gritar! Y él se rió a carcajadas. No hace gracia, pero no dolía tanto como me imaginé.

Nuestro dulce beso se convirtió a partir de entonces en un morreo digno de una revista del corazón, o de dos adolescentes hormonados. Nuestros labios sin control de abrían y se cerraban sin ningún compás, saliva corría de un lado a otro, mordiscos, movimientos involuntarios. Yo me alejaba y él se acercaba más hasta que acabamos sentados, yo encima de él en una curiosa postura. Colocó una de sus manos en mi cuello justo cuando nos separábamos para reponer el aire perdido.

¿Qué estoy haciendo?

¿Por qué?

Tocaron fuertemente a la puerta de mi habitación, provocando que él y yo mirásemos de golpe a esta, después entre nosotros  y finalmente riésemos por las caras que habíamos puesto ambos.

    Con Lux nunca hubiera podido hacer esto, obviamente —dijo mientras yo me levantaba de sus piernas para acercarme a la puerta.
    Espero que ni lo intentes de nuevo —amenacé, obviamente en broma al pipiolo.

¿Esto dónde nos dejaba ahora? Seguían aporreando la puerta, cada vez con más frecuencia. Que pesada la gente, hostias. Agarré el manillar de la puerta y la moví con suavidad, mostrándome al otro lado a una joven que me miró de pies a cabeza. Las pintas que debo de tener con el pelo y los labios ahora rojos. Muy bella me debo de ver.

    Aparta bicha —dijo la subnormal que había atravesado el umbral de la puerta.
    ¿Perdona bonita? —mi arte choni andaluz daba sus frutos y mi lado mas barrio bajero.

Ella apartó la vista de mí y la posó sobre Harry.

    Harry, amor, estoy embarazada.

    ¡¿Qué?! —exclamamos ambos a la vez mientras nos mirábamos.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
3/4 Maratón. He tenido problemas con las páginas donde subo. mañana el último y un regalo love u all!!

domingo, 4 de mayo de 2014

Capítulo 31

‘Palabras sueltas. Oídos sordos. Mentiras incontrolables. Desilusiones pasajeras. Cientos de personas traidoras. Y, con los dedos de nuestra mano podemos contar las verdaderas. La vida de un adolescente común se resume en sus pensamientos más profundos. Los adultos dicen que ellos pasaron por esto, que no nos tenemos que quejar, que no es para tanto. Ellos no entienden que antes de tiraban un palo, te herían; antes te insultaban o amenazaban una vez, y al día siguiente nada había pasado. Ahora han aprendido, y saben que con unas palabras bien dichas en un momento de flaqueza, te hunden en la miseria’— Alba Gómez Carmona


Día 9 de junio del 2013, o ¿debería decir 10 de junio? No tengo muy claro la hora que era con exactitud. Tampoco es que el día haya sido el ‘nova más’,  esa expresión me perseguirá hasta la muerte... Hacía una hora escasa que habíamos abandonado el escenario de Foro Sol, y ya estábamos tomando asiento en el autobús de la gira para dirigirnos al aeropuerto cercano en el que tomaríamos un vuelo para ir a Florida. En 4 días o en 3 —depende de cómo lo mires— daríamos allí de nuevo otro concierto, luego a Miami... y así.

Sobre el tema del cuadrilátero amoroso Sophia-Liam-Natalia-Marco, había novedades y para mi fortuna —nótese la ironía— todos los planes me incluían de un modo demasiado poco sutil, yo entraba en los planes de estos dos, y muy fuertemente.

*Flashback*

    ¿Marco? —habló Natalia, proyectando su voz por el altavoz del teléfono. Hacía escasos minutos que nos habíamos despertado esa mañana y su primer deber era comprobar que Marco estaba despierto para poder contactar con él.
    Si, estoy bien —dijo tras una pausa— no, solo que se me cayó el móvil del bolsillo mientras estaba sentada en un sofá, me fui y Zayn lo recuperó antes de que entrase en un ataque de nervios —en cierto modo, era verdad, la cosa es que le temblaba un poco la voz, esperemos que no la descubra.
    Que sí, que no te estoy mintiendo —mierda, mierda, mierda— Zayn es uno de los cantantes del Tour, es amigo de Alba y mío.
    ¿Qué te parece venir con nosotras cuando vayamos a Miami? —Dijo cruzando los dedos, rezando para que aceptase y así tener un par de días de más de libertad con Liam— a Miami llegaríamos el 14 de junio, ¿te parece bien?

Hasta yo rezaba en esos momentos para que aceptase y así Natalia estuviese despreocupada por unos días, aunque fuesen pocos, pero eran 3 días completamente libres sin conciertos, ni preparaciones, nada.

  — ¡Genial! —chilló mi amiga de la emoción de tener más tiempo sin él mientras mostraba sus pulgares hacia arriba en mi dirección— ¡nos vemos en unos días! Adiós —dijo poco antes de que la interrumpiese, ella puso mala cara— si, si. Yo también —susurró con desgana y finalizó la llamada.

*:——:*

De modo que en resumidas cuentas, tras la conversación con Marco, Natalia estuvo todo el día de morros hasta que le dio a Liam por llevársela lejos de mí. Gracias Liam, salvaste mi paciencia y mi buena aura mágica de unicornio. Supongo que mientras hicieron lo que hiciesen, Natalia le comentaría la conversión al señor, porque una hora después apareció para decirme que había convencido a Sophia para encontrarse con ella en Miami también. Ese día si que voy a trabajar como una estúpida…


***


Era temprano por la mañana, del día 10, y estaba tumbada en la cama que ocuparía Natalia, con los auriculares puestos y la música encendida —obviamente— cuando de repente se cortó y la señora ‘Marimba’ comenzó a hacer presencia. Alcancé el aparato y miré la pantalla, era un mensaje. ¿El destinatario? ‘Oculto’. Tragué saliva fuertemente, y en ese instante salió Natalia del baño mostrándome la pantalla de su móvil, la misma palabra salía escrita en la superficie.

Abrí el mensaje. No podía hacer más.

‘Querida Alba:
Vuelvo a ser cortés conmigo, no sé si te lo he dicho antes pero gracias por volver, las niñas esas no hacían bien su trabajo. Florida, un estado muy caluroso, ¿has traído ropa apropiada? Vas a tener que pasear mucho por la calles en compañía de las parejas de tus amigos. Me gustaría decirte bonitos lugares para que los entretuvieses, pero ambos sabemos que no irías. Ten cuidado con tu figura, estoy vigilando, y sabes que me encantaría arrancarte la piel a tiras. Saludos perra.’

‘Natalia:
No me gusta verte “retozar” por los pasillos de tu lugar de trabajo con un chico tan famoso como Liam. Es decir, recuerdas las chicas que ocuparon tu lugar de trabajo, ¿no? Bien, fueron despedidas por liarse con Harry y con Niall, no querrás ser tú también despedida por una cosa parecida. No temas, yo no diré nada, pero recuerda que millones de ojos no observan y yo tengo bien puestos los míos en ti. Pásalo bien con Liam, o ¿debería decir Marco?’

Si el miedo existe, debe estar escondido en un cuarto totalmente a oscuras hecho una bola en un rincón de su estancia después de esto. No soy asustadiza, he vivido demasiados retos en la vida como para ir llorando por las esquinas con cada tontería, pero esto era demasiado ya. Tengo miedo.

Inspiramos profundo y, guardé el mensaje en la carpeta de recibidos de mi teléfono, le hice hasta una captura de pantalla por si se perdía.

    Esto no está pasando —susurró Natalia.
    Ojala que así fuese, pero yo ya no sé que hacer —podríamos ir a la policía, pero ya nos lo dijo, si vamos moriremos, si se lo decimos a los jefes, moriremos. La persona que nos está haciendo esto está en el Take Me Home Tour, y es alguien importante.
    Está entre nosotros, no debemos fiarnos de nadie.
    Lo sé, estaba pensando lo mismo yo en este instante.

Cogimos los teléfonos, el monedero y lo metimos todo en el bolso. Decidimos de un modo muy mental, casi telepático, ir de compras por la ciudad. Si, pensaréis: ‘pero como os vais a exponer a salir con el loco maniaco ese suelto. Estáis locas’ y nuestra respuesta sería muy simple. No podemos quedarnos en la habitación toda la vida, en cualquier lado nos expondríamos a él, o ella. Hagamos lo que hagamos nos tiene vigiladas, así que mejor disfrutar siendo unas ignorantes, que estar esclavizadas pensando en todo.

Las calles estaban llenas de gente por lo que se veía desde la ventana de la habitación. Bajamos al hall de entrada, y estaban varios agentes de seguridad custodiando la entrada principal del recinto. Decenas de jóvenes se agolpaban en los ventanales que rozaban el suelo, y en las puertas giratorias. Pedimos salir, y entre empujones de unas y de otras, gritos por todos lados esperando la presencia de alguno de los cinco chicos que les tenían robado el corazón, tocamos asfalto despejado. Los vehículos avanzaban como podían.

Según una chica de recepción, algunas tiendas de ropa se encontraban cerca de una avenida muy espaciosa a unos cinco minutos del hotel, en dirección Este. De modo que emprendimos camino, como dos Indiana Jones en busca de lo desconocido. Llegamos tras, diez minutos a la avenida espaciosa que nos habían dicho. Más que nada, es que nos perdimos, el sentido de la orientación se halla en nosotras en el culo, básicamente.

Eso si, que ropa mas bonita, joder. Le veo futuro a está tienda. Faldas, faldas-diadema, pantalones, pantalones cortos, pantalones-cortos-diadema. He de decir que si veías una prenda, ibas a encontrar otra igual pero mucho más pequeña, no en talla, sino en estilo. Si me pongo algunas de las camisetas que hay ahí, se me salen las pechugas.

Si me preguntáis como me encuentro, os podría decir mil cosas de mi estado de ánimo, y ninguna buena la verdad. No tenía un buen presentimiento del futuro cercano. No por el mensaje de ese bastardo o bastarda, sino por otra cosa. No sé lo que es pero va a complicar las cosas a unos nivelas impresionantes. Enormes. Y, yo no me suelo equivocar con este tipo de sensaciones.

Tras cerca de una hora paseando por las distintas tiendas que esa calle nos ofrecía, decidimos volver al hotel, a comer obviamente. Yo sin comer no soy persona. Esta vez, al regreso tardamos los cinco minutos indicados por la chica aquella de reopción, somos tontas la primera vez, la segunda lo seguimos siendo, pero lo disimulamos genial. Cerca de las puertas giratorias que daban al interior del hotel, un guardia de seguridad que no habíamos visto en nuestra vida, nos paró de golpe.

    No podéis pasar señoritas, necesitáis mostrarme la llave de la habitación —dijo el segurata, con cara de pocos amigos y con un auricular de goma espuma naranja para proteger de los ruidos fuertes colgando del lado izquierdo de su cabeza. Rebusqué en mi bolso, sin éxito al igual que hizo Natalia obteniendo el mismo resultado.
    No la encontramos, pero le prometemos que nos hospedamos aquí con One Direction —él guardia se carcajeó en nuestra cara, a la vez que las chicas más cercanas a nosotras gritaban por la mención de sus ídolos.
    Si, y yo soy el marido de Catherine Zeta Jones —dijo como pudo entre risas.
    Pero es totalmente cierto —dijimos Natalia y yo a la vez. En esos momentos era cuando estas niñas tan monas podrían comentarle al guardia de seguridad que es cierto, pero no lo hacen…— Llama a alguien Alba —me dijo Natalia mientras que el detestable señor alzaba una ceja.

Saqué el teléfono del bolso tras buscarlo por unos segundos, ya que el maldito se había escondido en lo más profundo del bolsillo interno. Cuando lo tuve en mi mano, comenzó a sonar escandalosamente. Bendito ‘Marimba’ menos mal que te haces oir. Miré la pantalla ‘Harry Styles’ decía en ella. Se lo mostré a Natalia mientras que ella sonreía triunfal al saber que estábamos salvadas.

    ¿Harry? —grité entre todas las voces que se alzaban sobre la mía, pero al mencionar el tan conocido nombre, todas cesaron y pararon sus gritos para instantes después gritar eufóricas de nuevo.
    Alba, donde mierdas estáis, llevo buscándoos a Natalia y a ti por 15 minutos —su voz grave se oyó por el auricular para las que más cerca de nosotras estaban, las cuales callaron y chistaron a las demás pidiendo silencio.
    Genial que nos hayas estado buscando, porque necesitamos que vengas a la entrada principal, no nos dejan pasar. El guardia no nos deja porque olvidamos las tarjetas —comenté como si conmigo no fuese la cosa. Suspiró frustrado.
    Este bien —dijo alargando cada vocal— pero, me debéis una porque va a ser mi muerte salir ahí.
    Si si —dijimos Natalia y yo, que había estado escuchando la conversación, al igual que otras cinco chicas.

Las miré a las cinco, me miraban con casi a punto de llorar. Tendrían unos 16 o 17 años como mucho.

    ¿Qué ocurre? —preguntó Natalia que parecía haber visto en ellas lo mismo que yo.
    Que… que va a… a salir Ha… Harry —respondió tartamudeando una rubia de pelo liso.
    Awww… —pensé en darlas una alegría ya que ellas estaban controladas.

Encaré a mi amiga y hablé con ella en español.

  — Podríamos pedirle a Harry que las dejase pasar a ellas cinco, son pocas y muy majas y controladas —Natalia asintió con una sonrisa. Harry estaba tardando mucho en llegar…

Volví a encarar a las cinco chicas que seguían en silencio a diferencia de las otros cincuenta restantes —por aproximación—.

    ¿Vais al concierto que hay el día 13 aquí en Sunrise? —les pregunté para hacer tiempo. Ellas negaron con su cabeza. Las cinco lo hicieron.
    Eran caras, y cuando logramos el dinero ya no habían, así que venimos aquí para al menos estar cerca de ellos —dijo con una triste sonrisa una morena bajita.
    Si prometéis manteneros en silencio cuando salga Harry, seréis recompensadas, ¿nos lo prometéis? —contestó Natalia con una sonrisa. Ellas asintieron y respiraron hondo para prepararse.

Vi una camisa de cuadros aparecer por el Hall. Apartó a un par de guardias de seguridad y giró las puertas rotatorias. Miré a las chicas y les guiñé un ojo. Ellas volvieron a respirar hondo. Harry tocó el hombro del guardia y este se giró sorprendido al verle. Una oleada de gritos procedentes de mi espalda iniciaron.

    ¿Se puede saber que hace? —se dirigió Harry al guardia— No se da cuenta de que las señoritas se hospedan aquí. Son nuestras maravillosas encargadas de sonido y video. Y amigas por supuesto —nos miró y lanzó la típica sonrisa que lanza a todas y se derriten.
    Perdone señor Styles, son las normas de seguridad que han adoptado los señores George y Jeff —dijo mientras nos miraba con odio— no volverá a ocurrir. Pasen señoritas.

Dijo mientras se apartaba de la entrada. Miré a las cinco chicas, que como prometieron, estaban tranquilas exteriormente pero eufóricas por dentro. Seguimos a Harry hasta antes de llegar a las puertas giratorias.

    Harry —llamé. Él me miró fijamente— ¿Qué pasaría si cinco chicas muy tranquilas se entrasen con nosotras porque no tienen entrada y llevan desde la madrugada esperando a que salgáis?
    Emmm… —dudó— ¿Es una pregunta trampa?
    ¡No! —dijo esta vez Natalia— nos han dado mucha penita, nos han contado lo que les pasó y porque no pueden ir. ¿Pueden venir? ¡Porfa! —dijo como una niña pequeña.
    Esta bien —dijo sonriendo mirando a todas las chicas y chicos que allí había— por mi no hay problema.

Chillé como una rata. Le lancé a Harry casi a la cara las bolsas de las compras y me giré sobre mis talones. Llegué hasta las cinco jóvenes y agarré sus manos mientras tiraba de ellas.

    Vamos —dije casi a gritos— vais a conocer a vuestros ídolos por cortesía de Alba y Natalia.


El gesto y mirada de esas chicas me mataron casi. Cerca de morirme de ternura estuve.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------Maratón 2/4 esta noche siguiente capítulo. Mañana el último.

Capítulo 30

‘“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.” ¿Qué esperar al saber que el mundo que siempre soñaste nunca existió? ¿Y qué la imaginación una mala época te jugó? Aprendí a vivir sin miedo a enfrentar a mis sentimientos. Aprendí a no abandonar lo que me hace grande. Aprendí a callarme mis verdades, y así descubrí en el hoyo, profundo y depresivo e el que mi rutina me había hundido sin piedad alguna. Gracias, sueños, por ayudarme a cavar mi tumba de la imaginación…’ — Alba Gómez Carmona


Un día más, un concierto más había pasado. Masivo. Esa sería la palabra que definiría Méjico a la perfección. Gran escenario, grandes pantallas, un estadio enorme, y como no un publico asombroso. Los asistentes de video para el documental que estaban preparando habían acabado de grabar las últimas tomas de lo que sería ‘This Is Us’. Según me había contado un pajarillo, no sé si afirmar su lealtad, sería una película-documental-relato-fangirleo-masivo, vosotras ya me entendéis. ¡Espera! ¿Con quien mierdas estoy hablando? Bueno, que más da eso ahora, lo importante es que mientras que no tenga que volver a ese lugar de brillantes y limpias paredes blancas, todo está bien.

Llegamos a la sala de descanso-peluquería-vestuario y me tiré en el confortable sillón de cuero negro que allí había. Bueno, en uno de los 3 sillones como este de cuatro plazas que había repartidos por toda la estancia. Y, Natalia tomando ejemplo, se tiró de un modo similar en el mismo sillón que yo. Es u hecho que los hermanos pequeños copian a los hermanos mayores. El problema aquí es que solo era 3 meses mayor que ella y que no somos hermanas, tal vez pudiéramos serlo de sangre… compartimos el mismo grupo sanguíneo. Es decir, si nos fuésemos a la montaña y yo me hicieses una herida, ella moriría; es bastante obvio que me quedaría yo con su sangre. Vale, eso no pasaría, pero… ¡No, Alba para!

Bueno, os cuento un cotilleo muy jocoso que he visto, seguro que os interesará. Resulta que unas horas antes de que el concierto comenzase, vi a Natalia y al Liam tal que pegándose el lote tras unas cajas de cartón cuyo contenido desconozco, y el cual solo Dios y probablemente el resto del Team del Tour conoce. Yo no tengo muy claro lo que son o que hacen con sus vidas que aun no me han contado que tienen. Si alguien lo sabe, que me mande un WhatsApp, gracias.

Lux entró corriendo a las sala en la que Natalia y yo estábamos esa niña era… no hay palabras, por ella yo hablo delfínico casi todos los días. Tras de ella apareció el sujeto que tantas preguntas me debería de contestar y no ha hecho. Liam. Natalia con la agilidad de un lince y la sutileza de un caracol —nótese la ironía chorrear de cada una de las letras y de las palabras que salen de mis labios, bueno, de mi mente— se sentó correctamente en el sofá. Parecía una jodida millonaria de esas que parece que les han metido un palo por el culo, ya comprendéis mi punto.

Tras de él, aparecieron esos cuatro chicos que restaban por hacer acto de presencia. He de decir que pese a todo el cariño y todo lo que habían hecho por mi en este tiempo, me apetecía enormemente en este instante estamparles un jarrón en sus cabezas. Más que nada para que les quede claro que hay otros 3 sofás como el mío y que no tenían que tirarme del que estaba…

De un modo muy sutil las carcajadas se extendieron por la sala, e instantes después Liam y Natalia habían dejado de honrarnos con sus presencias. Realmente el suelo es cómodo, la moqueta no es tan asquerosa como siempre pensé. En serio, no me gustan porque son difíciles de limpiar y Dios sabe lo que esconde cada centímetro cuadrado y cúbico de ellas. Una parte de aquel hospital tenía moqueta. Incluso algunas habitaciones la tenían. Era horrible.

Me revolví con sutileza en el suelo y cerré mis ojos, era lo mejor que podía hacer, era tarde y estaba muy cansada como para arrastrarme hasta el sofá más cercano a cuatro metros. No soy vaga, es fatiga laboral.

***

  — ¡Alba! ¡Alba! —se oía de fondo una voz gritar mi nombre. Lo normal e estos casos, es abrir los ojos, girarse, desprenderte de la posición fetal que había adquirido mi cuerpo y mirar con odio a la persona que estaba tocando las narices. Pero como yo soy especial como una langosta decidí ignorar los gritos y seguir durmiendo.

Tocaron mi brazo. Bueno, más bien tiraron de el como si quisieran arrancarlo de su lugar. Abrí los ojos y me encontré con el señor Zayn mirándome preocupado. Me asusté la verdad, no es normal que alguien venga gritando a donde tu estas —que ya no era el suelo de moqueta, sino un sofá del autobús— y te mire con cara de limón pocho.

  — ¿Qué pasa? – dije mirándole. Al instante él me tendió el teléfono del que unos gritos salían.

    Pasa que yo no sé hablar español. Estábamos fuera, porque ya nos vamos a la carretera hacia la siguiente ciudad y el teléfono de Natalia empezó a sonar —dijo veloz mientras yo tomaba el teléfono en mis manos.
    Comprendo —se sentó a mis pies, aplastándolos. Supongo que esperando a que yo contestase; a lo mejor le gusta como es el acento del español.
Miré la pantalla, no salía numero, y el nombre que tenía no era muy normal ‘Pichiiión’ anunciaba la pantalla.

    ¿Si? —contesté— ¿Pichión?
    ¿Alba? —dijo la conocida voz de Marco— ¿Dónde está Natalia?
    No sé —contesté sincera— a mi me ha despertado Zayn y no sé ni quien me ha traído a dónde estoy —miro a Zayn interrogativa y le hago una seña queriendo decir ‘¿Quién me ha traído aquí?’.
    Fui yo —responde él de repente.
    ¿Quién ha dicho eso? —pregunta el pesado de Marco por el auricular del iPhone.
    Zayn —respondo simple a su pregunta— ¿Por qué?
    Curiosidad simplemente —alcé una ceja inconscientemente, sinceramente su tono no me ha inspirado la confianza necesaria. Ahora es Zayn quien me mira interrogante— solo quería hablar con ella para decirle, más bien para confirmar el día que iría para allá. Tengo unas ganas terribles de verla.
    Ajá. Si. Ya, ya le digo yo a ella que te llame, más que nada, allí será temprano por la mañana, pero aquí es de madrugado, ya sabes, cambios horarios —dije con la intención de quitármelo de en medio con rapidez— hablamos luego adiós.
    Adi-- —no le dio tiempo a decir una sola palabra más ya que corté la llamada enseguida.
    ¿Y que pasó al final? ¿Quién era? ¿Qué quería? —preguntó el chico de tatuajes por todas partes demasiado rápido para una persona que se acaba de despertar.
    Shhh —chisté— de una en una Usain Bolt. A ver, era Marco, aquel chico que vino a buscarnos a Natalia y a mi cuando estábamos en España. Quería hablar con Natalia para concretar cuando va a venir aquí a pasar unos días con ella. Esto entre tu y yo, en modo maruja, pero creo que son algo así como pareja o algo —él abrió sus ojos sorprendido por mi confesión, supongo que pensaría que Natalia estaba jugando con Liam o algo así— y por último, al final lo que ha ocurrido es que le he mandado a freír espárragos con la mayor sutileza posible.
    ¿freír espárragos? —preguntó dudoso de si me había comprendido bien. Pobrecillo.
    Si, es una expresión muy usada en España al menos, para mandar a la mierda a alguien sin decir exactamente esas palabras.
    Entiendo…
    Y, ¿sabes donde están Liam o Natalia? —pregunté a la vez que me ponía en pie, pensando en la posibilidad de que estuviesen en el mismo lugar que esta mañana.
    No, pero sería conveniente que fuesen apareciendo, en pocos minutos tenemos que irnos a la carretera —comentó mientras yo retiraba la manta que aún traía en mis hombros.
    ¿Hay que ir muy lejos? —pregunté. Él negó con la cabeza.
    Es ir hasta el hotel, mañana tenemos otro concierto en el mismo sitio —me contestó mostrando una pequeña fila de perlas, todas alineadas que sostenían su lengua.
    Gracias por traerme y taparme con la manta. ¡Ah! Y por no dejarme en esa horrible moqueta —el se rió ante mi comentario y movió su cabeza restándole importancia al asunto.

Salí del autocar, retrocediendo mentalmente sobre los pasos dados durante el día, para recordar donde mierdas estaban las cajas que todo el mundo sabía que contenían menos yo. Caminé por los pasillos, blancos, con una cenefa de madera a la mitad de cada muro y con tablas horizontales adornando bajo de esta. Tenían un rodapié bonito, nunca lo podría en mi casa per-- ¡Alba, focaliza!

Seguí mi camino y después de perderme en el laberinto de pasillos con un aceptable rodapié como unas cinco veces sin exagerar, encontré la salida al escenario. No sé si he comentado que las cajas estaban pocos metros antes de la salida número 2 posterior izquierda desde la pista del escenario. ¿Os ha quedado claro? Yo tampoco sabía ubicarla hasta que me enteré que el alimentador de luz para enchufar todo lo que usaríamos esta ahí. ¡Ah! Y la comida también está en esa zona.

Arrastré mis pies hasta mi objetivo. Una muralla marón ante mí. Que bonita era, le haría una foto y la subiría a Instagram, si no fuese porque estaban ahí los dos ‘Pichones’ haciéndose transfusiones de saliva el uno al otro. Los entiendo, a veces no tenemos suficiente saliva.

Yo tengo miedo escénico, y me quedo sin saliva.

  — Ejem, ejem —carraspeé con la mayor fuerza que encontré. Y no se separaban, ni se inmutaron. Parecían un chicle pegado al pelo— ‘Pichiones’ —grité.

Parece ser que Natalia reaccionó al oir el nombre que le tenia puesto a su rollete español, y se separó con la velocidad de la luz del pobre Liam; que, se quedó con una demasiado épica cara de pato. Digno de una fotografía para la posteridad…

    ¿Qué haces aquí? —dijo Natalia con un cierto tono de incomodidad en su voz.
    Hola Alba —dijo esta vez Liam con la cortesía que le caracterizaba.
    A ver cielo mío, relájate que tengo varias cosas que decir que nos concierne a los tres. —comenté con tranquilidad mientras miraba a los ojos castaños de mi amiga — Resulta que os traigo noticias.
    Habla rápido, no tenemos todo el día –dijo ella molesta. No se lo tomo en cuenta, porque si no, la mataría fría y dolorosamente.
    Primero de todo, el autocar nos espera para irnos al hotel —Liam miró su reloj del móvil, el cual aprecié por la poca distancia que nos separaba, que estaba en silencio. Normal— Segundo, ha llamado Marco, dice que viene y quería hablar contigo para saber cuando puede, espera que tu contestación sea pronto y su viaje más aun —le lancé el iPhone a sus manos y lo atrapó al vuelo mientras que su mandíbula inferior caía en picada. Si no fuese porque está unida al resto de su cuerpo, habría acabado en el núcleo terrestre.
    ¿Qué? ¿Y que hago yo? ¿Y porque te concierne? —dijo nerviosa, todo lo contrario de cómo yo me hallaba. Liam observaba la escena en segundo plano, como si de una película se tratase y él no tuviese nada que ver en ella, cuando era uno de los personajes principales de la trama.
    Lo que has oído. Podría llamarle. Y por último me concierne porque de algún modo habrá que distraer a Marco para que Don Pipiolo y tú tengáis unos minutos para hacer cosas de mayores —completé graciosa mi ultima palabra y la miré fijamente, mientras veía de soslayo como Liam volvía a introducirse en su papel de actor en esta tan intrincada trama.
    Sophia también viene.

Le miré fijamente. Así que él también ‘engañaba’ a Natalia como ella le ‘engañaba’ a él. Curiosa trama. Me acerqué a él y le agarré como los hombres se agarran entre ellos, con una mano atravesando la parte posterior de su cuello.

    Tu solo preséntamela, que del resto me encargo yo. Por Dios soy la diosa mágica de los engaños y vengo del futuro para dejaros la ropa más blanca, digo, vengo del futuro para entretener a vuestros respectivos parientes— dije sonriente.
    ¡Gracias! —dijeron sonrientes ahora ellos.


Torné mi gesto serio y dije: — Pero me pagáis.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Maratón 1/4 por tiempo de espera. Perdón. (Explicaciones al final de la maratón)